Duelo de Espadas


Edmundo Dantés

13/03/2009

Bailleres y Fernández del Campo: origen es destino


A nadie debería extrañar que dos supuestos diputados del PRI, Othón Bailleres y Pablo Fernández del Campo, hayan sido los artífices con que la ultraderecha y la jerarquía católica impusieron su ley retrógrada, obtusa misógina y confesional, debido a que lo único que ambos hicieron fue obedecer a sus respectivos orígenes y asumirse como lo que son. Ni más ni menos.

 

Othón Bailleres fue impuesto como presidente de la Gran Comisión del Congreso local por una decisión de Javier López Zavala, después de que él y Mario Montero Serrano se enfrascaron en una cruenta disputa por definir quién pastorearía a la borregada mayoritaria del PRI.

 

López Zavala amagó con imponer a Humberto Aguilar Viveros y Montero Serrano impulsó a la única que tenía experiencia y méritos para el cargo, Rocío García Olmedo, quien además de ser una marinista de hace bastantes años ya había sido legisladora local, regidora y dirigente estatal de las mujeres priístas.

 

Pero el veto zavalista se impuso y la polarización al interior del marinismo llevó al entonces dirigente del partido, Valentín Meneses Rojas, a declarar que Bailleres era la “mejor opción” ante la abierta confrontación entre dos de los subgrupos más importes del gobierno: el zavalismo y el monterismo.

 

Como presidente del Congreso local, José Othón Bailleres no ha podido ni siquiera sumar a todos los diputados del PRI, es patente que el PAN y Eduardo Rivera Pérez le han comido el mandado y los escándalos de la actual legislatura son notorios: el caso Juárez Acevedo, la regresiva Ley de Transparencia, la violación a la ley que se cometió para imponer a Blanca Lilia Ibarra en la comisión de Acceso a la Información Pública (CAIP) y muchos más.

 

El “líder” de los diputados priístas es un fiel reflejo de su origen y de lo que representa la borregada mayoritaria del tricolor: acatamiento de la línea gubernamental, torpeza, ineptitud, alejamiento de la ciudadanía y negación de las demandas sociales.

 

Al imponer esta nueva ley confesional, mandada por la nueva jerarquía católica a través del gobierno estatal, Bailleres se muestra solamente como lo que es: un burócrata y autómata seguidor de órdenes, sin capacidad de decisión, sin estatura de líder y sin principios ideológicos.

 

El caso de Pablo Fernández del Campo es mucho más claro. Se trata de un panista que se trepó en el PRI para alcanzar sus ambiciones políticas, pese a que sus antecedentes familiares y personales lo colocan como un firme seguidor de la doctrina eclesiástica del PAN.

 

Fiel al dogma católico de que se deben tener los hijos que Dios mande, Fernández del Campo presume en las revistas locales del corazón su numerosa familia y su religiosidad, como todo buen panista gusta de hacerlo. De hecho, el priísmo lo hizo candidato precisamente por su perfil conservador y derechista, cuando comenzó a perder espacios y vio que necesitaba lanzar a aspirantes “empanizados”, para tratar de recuperarlos.

 

En consecuencia, era de esperarse que Bailleres y Fernández actuaran como lo están haciendo. En contraste, quienes podrían sufrir un severo traspié político con la aprobación de esta ley católica son las mujeres priístas, como Bárbara Ganime, Mallinali García o la propia Rocío García Olmedo, porque las tres han usufructuado electoralmente las banderas de la equidad de género y de la supuesta defensa de las mujeres.

 

Ellas han lucrado con los derechos de su género y esta ley regresiva y misógina les seré echada en cara, porque solamente García Olmedo se movilizó para tratar de detenerla, mientras que Bárbara Ganime y Mallinali García mostraron una gran tibieza y permisividad.

 

Estocadas

  • De confirmarse que Ana Teresa Aranda aceptó contender por un distrito de la ciudad, se estará confirmando no solamente la derrota de Juan Carlos Natale y de su padrino político, sino del resto de los candidatos del PRI a las diputaciones federales en el municipio, debido a la “Doña” es un personaje conocido y apreciado en Puebla.

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  • Además, insisto, si se confirma que Ana Teresa, Miriam Arabián y Luis Mora Velasco contenderán por el PAN en Puebla, se trata de aspirantes mucho más conocidos, con mejor discurso y trayectoria que cualquiera de los priístas. Esto permitirá al albiazul recuperar el tiempo perdido por no haber hecho precampaña e impulsar a sus candidatos en el resto de la entidad.

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  • De entrada, hay que decir que los culpables de una posible derrota del PRI en el municipio de Puebla son quienes impusieron a los candidatos “pipitilla” y la propia dirigencia estatal priísta, cuyo representante, Alejandro Armenta Mier, avaló con su silencio el desdén con que su partido trató a los electores del municipio.

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  • Además, de ganar, Ana Teresa Aranda confirmaría tres cosas: que fue un error del Yunque imponer a Antonio Sánchez Díaz de Rivera como candidato a la alcaldía en el 2007, que pese a su larga estancia en el DF sigue contando con un capital político importante en la ciudad de Puebla y su zona conturbada y que…puede ser candidata a la gubernatura y aspirar a ganarla en el 2010.



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