Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Soberbia y futurismo


Quizá cegados por su ambición política individual, muchos priístas, como Javier López Zavala y Jorge Charbel Estefan Chidiac, están dando una muestra de peligrosa soberbia y futurismo político al considerar que los resultados del domingo 11 garantizan sus aspiraciones sucesorias al gobierno estatal, ya que cometen el mismo error de los panistas después del 2 de julio del 2006.


Me explico: cuando finalizaron los comicios presidenciales del año pasado los panistas poblanos comenzaron a hacer cuentas alegres, se jactaron de que ya tenían en sus manos la alcaldía de Puebla y la mayoría parlamentaria local, algunos hasta se asumieron como los futuros gobernadores e iniciaron un proceso de división y exclusión internos que los condujo a la debacle del domingo pasado. Y lo mismo está sucediendo con algunos priístas.


El jolgorio poselectoral ha causado una ola de mareos en el PRI estatal, donde no han entendido que cada elección es diferente a la anterior y que antes de la sucesión estatal del 2010 está la contienda federal intermedia del 2009, donde el tricolor debería tratar de revertir la vergonzosa derrota 12 a 4 que los panistas les impusieron en el 2006, con el agravante de que en la próxima elección no contarán con la ayuda de una candidatura atractiva, como la de Blanca Alcalá Ruiz.


En el 2006, en Puebla, un solo grupo priísta impuso a todos los candidatos a diputados y senadores, excluyendo a los demás liderazgos representativos, lo que – sumado a las malas nominación y postulación de Roberto Madrazo Pintado – los llevó al tercer lugar como fuerza política y electoral en la entidad. Ese mismo año, el panismo local no sufrió divisiones ni controversias internas graves y por eso triunfó.


Apenas un año y 4 meses después, el PAN vivió una cacería interna con las exclusiones de liderazgos importantes, como los de Ana Teresa Aranda, Francisco Fraile García y el propio Felipe Calderón Hinojosa y sus representantes en Puebla. Las trampas que Rafael Micalco, Jorge Ehlinger y Ana María Jiménez hicieron para imponer al candidato yunquista se les revirtieron al final del proceso.


En contraste, en este 2007, al interior del tricolor se alcanzaron acuerdos importantes que se respetaron y se incluyó en las candidaturas a todos los grupos representativos, además de que se postuló a una aspirante aceptada por la ciudadanía. La unidad e inclusión bastaron para un triunfo importante, pese las campañas negras del PAN y sus cómplices, como Juan José Rodríguez Posada, Luis Mora Velasco, Álvaro Ramírez, entre otros.


Pero López Zavala y sus voceros parecen no entender la lección de las dos últimas elecciones y pretenden ejecutar una purga al más puro stalinista contra quienes consideran sus rivales para el 2010, sobre todo contra el edil Enrique Doger Guerrero, a quien incluso antes del domingo pasado enviaron diversas amenazas y al que trataron de dejar sin representación en el Congreso local operando contra Jorge Ruiz Romero.


En esta contienda local, el zavalismo fracasó en su intento de bloquear al ex tesorero municipal y en el objetivo de obtener el “carro completo”, porque Ruiz Romero ganó sin problemas, el PAN obtuvo el distrito de Tecamachalco y el PRI no debe impugnarlo, puesto que de cualquier manera su candidato llegará al legislativo como el “gran perdedor”.


Pese a ello, esa corriente política amenaza con promover contra el dogerismo una campaña de “cuchillos largos”, que después seguramente se extendería a los demás grupos priístas que no se han plegado a las aspiraciones sucesorias del ex secretario de Gobernación.


Lo que no han tomado en cuenta quienes pretenden agandallarse la candidatura del PRI en el 2010 mediante el exterminio intestino,  es que los grupos a los quieren eliminar no se quedarán de brazos cruzados y en esta batalla interna el primero que perderá será el propio partido. Y ni siquiera hará falta esperar a la sucesión gubernamental para ver las consecuencias de estas pugnas, ya que en el 2009 el priísmo podría volver al segundo o tercer lugar como fuerza electoral.


Estocada


Con excepción de los procesos legales que seguramente interpondrán los diferentes partidos, la elección local intermedia ya concluyó y la humillante y aplastante derrota del panismo hará que duplique sus esfuerzos, recursos y triquiñuelas para vengarse en el 2009 y 2010. Si los priístas no toman en cuenta esta sencilla reflexión, podrían estar incurriendo en un grave error.




 
 

 

 
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