Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Lecciones


La contienda del pasado domingo 11 debería dejar varias lecciones a los principales partidos y los grupos que los conforman, de cara a los comicios federales del 2009 y locales del 2010. No solamente el PAN tiene varias situaciones qué aprender, sino que también el PRI podría analizar en qué circunstancias ganó. 


Primero que nada, el PRI y quien toma decisiones en el estado deberían tomar en cuenta que para el 2009 no les será tan fácil ganar, como sucedió en esta ocasión, ya que en la disputa federal Felipe Calderón sí intervendrá abiertamente (a través de su dedazo personificado en Germán Martínez) en la selección de candidatos y en la misma elección, para ganar la mayoría parlamentaria que le permita terminar de entregar el país a sus verdaderos jefes, el FMI y el BM. 


Los panistas que durante décadas demandaron que el gobierno federal se abstuviera de intervenir en los comicios, hoy se rasgan las vestiduras porque Calderón Hinojosa no los ayudó en Puebla. Pero pueden estar tranquilos para el 2009, debido a que ahí sí se volcará toda la maquinaria gubernamental a favor del blanquiazul y esto es algo que el priísmo debería prever.  


Otro aspecto importante que los grupos priístas locales deben contemplar es que Blanca Alcalá Ruiz compitió y ganó por no formar parte de los marinistas, zavalistas, dogeristas o melquiadistas. Esto quiere decir que si un marinista, zavalista o dogerista hubiera contendido, es muy probable que los demás equipos lo hubieran hecho perder y, si este escenario de polarización interna permanece hasta el 2010, todos saldrían perjudicados y el beneficiado sería otro aspirante externo a ellos (ver el ejemplo de Blanca Alcalá). 


Para el 2010, Calderón Hinojosa no solamente tendrá el control del panismo nacional, sino – presumiblemente – también del estatal. Por ende, estará más que interesado en imponer como gobernador a quien le tape sus triquiñuelas, sea su cómplice en la entrega del país y comparta sus negocios al amparo del poder público. 


En consecuencia, los comicios del 2009 y 2010 serán bastante más difíciles de ganar para el priísmo, puesto que se enfrentará al aparato federal, además de que probablemente el Yunque poblano esté tan minimizado para esas fechas que no le quede más remedio que sumarse al panismo calderonista recibiendo las migajas del poder.

 

Este contexto permite proyectar que si al interior del PRI se suscitan disputas o cacerías de brujas, el primer beneficiado sería el panismo, como sucedió en el 2001 o 2006, cuando el blanquiazul arrasó en Puebla gracias a las divisiones internas priístas y a los obstáculos que muchos sectores importantes del partido le pusieron a Roberto Madrazo Pintado. 


En el caso del PAN, la lección más importante que debe aprender es que es una mentira absoluta que hasta con un burro pueda ganar la ciudad de Puebla y que el Yunque y la cúpula empresarial puedan seguir manipulando a la militancia y repartiéndose las candidaturas cometiendo fraudes, porque la gente no vota por aspirantes antipáticos, soberbios o torpes. 


Además, el panismo podría comenzar a ubicarse en una realidad: se les acabó el “bono democrático” con que triunfó Vicente Fox en el 2000 y que le permitió no responsabilizarse del fracaso de su sexenio. Hoy el blanquiazul es gobierno y, como tal, es juzgado y criticado por muchos ciudadanos decepcionados de sus falsas promesas de cambio, progreso e incorruptibilidad.   


También podrían aprender que los plomeros que fungen como dirigentes estatales o municipales pueden garantizarle a la ultraderecha obtener todas las nominaciones, pero no las victorias. Los patéticos papeles jugados en esta contienda por Rafael Micalco, Jorge Ehlinger y Ana María Jiménez  dejaron muy en claro lo falaz del argumento yunquista de que “el que obedece no se equivoca”. 


Finalmente, especimenes como Vicente Fox, Felipe Calderón Hinojosa y Luis Paredes Moctezuma deberían tomar en cuenta que sus fracasos como gobernantes afectan al PAN, como ocurría y ocurre con los demás partidos. El panismo no ha demostrado a los poblanos y a los mexicanos que sepa  gobernar mejor o siquiera igual que el PRI o el PRD y, en consecuencia, sus fallas, omisiones y excesos se castigan en las urnas.




 
 

 

 
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