Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Temor


Basta con una somera revisión a la mayoría de la prensa local, para constatar el gran temor que entre la clase política (incluyendo un sector del priísmo y la ultraderecha panista) inspira la precandidatura de Enrique Doger Guerrero, pese a que el ex edil todavía no ha formalizado sus aspiraciones.

 

No es gratuito que se pretenda destruir a un posible adversario político a través de periodicazos, como los que sistemáticamente le propinan a Doger Guerrero al menos dos de los periódicos y uno de los portales electrónicos más oficialoides, que siguen la “agenda informativa” que les ordena Javier López Zavala, desde luego, a través de su “operador”, Oscar de la Vega.

 

Esta campaña contra el ex edil se asemeja a la que el mismo ex secretario de Gobernación implementó hace algunas semanas contra Jesús Morales Flores, a quien trató de dañar políticamente acusando a su hermano, Roberto, y a su hijo, Jesús, de supuestas anomalías que – en caso de existir – es fácil comprobar y sancionar.

 

Jorge Estefan Chidiac se salvó de la embestida al “proponer” públicamente que sea Mario Marín quien imponga al candidato del PRI. El problema para el diputado federal es que su sumisión al marinismo lo coloca detrás de quien es el verdadero candidato de esa corriente priísta y que no es otro más que López Zavala, pese a que Valentín Meneses, Mario Montero y otros de sus miembros se nieguen a aceptar esa realidad y crean que la designación puede recaer en ellos.

 

La diferencia entre los ataques a Jesús Morales y a Enrique Doger es la intensidad. Al primero apenas le lanzaron unos cuantos golpes por dos semanas, mientras que el segundo ha tenido que enfrentar una campaña negativa que ya superó los tres años y que seguramente se mantendrá y duplicará con acciones y temas como el bloqueo político, mediático y profesional, la cuenta pública, descalificaciones personales, entre otros.

 

Así, mientras en el 2006 la obra que se usó para descalificar y golpear al dogerismo fue el puente 475, en el 2007 es el de Tlaltepango. Una estrategia que refleja el reconocimiento de que no se puede acusar al ex munícipe de no haber hecho y, entonces, se intenta dañarlo con lo que sí hizo.

 

De este tamaño son el temor y la obsesión – desde un sector del PRI ¿gobierno?- por eliminar al priísta mejor posicionado, sobre todo después de que la semana pasada dos corrientes políticas diferentes, Nueva Alianza y Convergencia, avalaran su gestión municipal y reconocieran la posibilidad de hacerlo su candidato, lo que abre la posibilidad de que el tricolor asegure la gubernatura mediante una gran alianza, que permita vencer a la ultraderecha y al calderonismo, que podrían hacer una tregua en el 2010 para intentar ganar la entidad que creen que les pertenece por derecho histórico.

 

Estocada

 

El antidogerismo de Jorge Ehlinger Coghlan es mucho más lógico y entendible, ya que la ultraderecha lo considera el priísta más capaz de vencerlos en el 2010, sobre todo después de que ya los derrotó en el 2004 y contribuyó a apabullarlos en el 2007, porque el candidato panista basó su campaña en atacar a Enrique Doger y el resultado fue la peor derrota del panismo en los últimos 15 años.

 

Así, mientras el zavalismo hecho “periodismo” ataca las obras dogeristas, el yunquismo denuncia corrupción sin presentar una sola prueba de sus dichos. Ambas corrientes políticas unidas para tratar de destruir al mismo adversario y la diferencia entre ambas es que el zavalismo carece de cualquier posibilidad real de gobernar la entidad (ni siquiera pudo competir por la ciudad), en tanto que la ultraderecha sí podría ganar en el 2010, principalmente si el PRI postula un candidato oficialista, cuestionado por su vinculación en el escándalo mediático y político del sexenio, sin popularidad y que no garantiza la unidad interna. 




 
 

 

 
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