Duelo de Espadas


Edmundo Dantés

27/02/2009

Corporativismo y nepotismo blanquiazul


El burdo intento de Francisco Fraile García de heredarle a su hijo Tomás Fraile Otero la diputación federal que él detenta actualmente, representa mucho más que un clásico caso de incongruencia entre el decir y el hacer políticos, ya que se trata de un claro ejemplo de corporativismo y nepotismo en el PAN.

 

Nacido en Huajuapan de León, Oaxaca, el 19 de septiembre de 1948, Fraile García es – sin duda – uno de los panistas más importantes en la historia del partido en Puebla y así se le debe reconocer, como uno de los artífices del crecimiento del albiazul en la entidad y a nivel nacional.

 

El actual diputado federal picó piedra durante muchas décadas cuando el priísmo era homogénico, represivo y autoritario (el PRI sigue teniendo las dos características últimas), para consolidar a un panismo que hoy mal gobierno México, que ya ganó en dos ocasiones la capital de Puebla y que tiene posibilidades reales de quedarse con la gubernatura en el 2010, si postula a un buen candidato y el tricolor se equivoca de aspirante.

 

Pero así como Fraile García le dio al PAN, también se aprovechó de él. Desde 1996 vive de posiciones políticas obtenidas por la vía plurinominal; es decir, lleva ¡13 años ininterrumpidos! con puestos importantes y sueldos generosos, ¡sin haber ganado jamás una elección constitucional!.

 

Ejemplo de chapulinismo político, primero fue regidor en el ayuntamiento de Gabriel Hinojosa Rivero, después brincó a la diputación local, que dejó inconclusa para convertirse en senador. Tampoco finalizó su período en la Cámara Alta, porque poco antes de que se acabara se fue a San Lázaro.

 

Hoy que su período como legislador federal concluye y que en el corto plazo no hay un cargo público plurinominal al que brincar, ya que la próxima elección en que podría amarrar alguna curul será la local del 2010, Fraile García quiere heredarle la diputación a su hijo Tomás.

 

Desde luego que los hijos de cualquier político tienen el derecho legal de buscar cargos públicos y, principalmente, de forjarse su propia carrera, pero lo que resulta indignante es que quienes durante décadas criticaron el corporativismo y nepotismo del PRI lo practiquen en el PAN, cuando se supone que se comprometieron a actuar diferente y que al interior del panimo existe una presunta democracia interna que el priísmo no conoce.

 

En un claro acto de nepotismo, Fraile García pretende dejarle a su hijo la diputación aprovechando su innegable ascendencia al interior del PAN, donde sí se reconoce que Francisco ha trabajado por el partido, pero al mismo tiempo se sabe que Tomás es un auténtico desconocido.

 

Al interior del blanquiazul hay muchos cuadros jóvenes, que han trabajado y que merecerían una oportunidad, pero que pueden verse seriamente afectados, porque uno de los llamados “santones” del panismo decidió que los cargos públicos son hereditarios y que “su diputación” se le puede dejar a su vástago. De concretarse, esto sería un duro golpe interior en el partido que mejor había trabajado con sus cuadros nuevos.

 

Además, lo que Fraile García intenta hacer es aplicar el corporativismo priísta al interior del PAN, debido a que pretende que los grupos que lo han llevado a vivir 13 años seguidos del erario público hagan lo mismo con su hijo empezando con una diputación federal.

 

Es cierto que el nepotismo parece estarse convirtiendo en una práctica común entre la clase política: Melquíades Morales Flores otorga dos diputaciones a familiares, una a su hermano y otra a su hijo; Mario Marín Torres convierte a uno de sus hermanos en diputado local y a otra de sus hermanas en candidata al mismo puesto, pero a nivel federal; la gobernadora perredista de Zacatecas Amalia García Medina hace lo mismo por su hija y la dueña del Panal y del SNTE Elba Esther Gordillo le hereda una curul plurinominal a su nieto.

 

Sin embargo, el hecho de que todos los políticos incurran en esa anormalidad no la legitima ni la justifica, solamente la hace frecuente y da a los ciudadanos más elementos para asquearse de la política y, en especial, de sus vicios y desviaciones. Ni hablar, los panistas y priístas son tan parecidos…que no pueden ocultarlo.

 



 
 

 

 
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