Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Doble criterio


De la oficina de Comunicación Social del gobierno estatal y del ex coordinador de Promoción al Voto del PRI salió la misma instrucción, que la mayoría de “columnistas políticos” obedeció sin rubor ni ética periodística alguna: descalificar, condenar y comenzar a aniquilar al edil Enrique Doger Guerrero, por el “pecado” de no aceptar la imposición de Javier López Zavala como presidente de la Gran Comisión y “atreverse” a aspirar a la candidatura del 2010.

 

Un columnista, el que tiene permiso para robarse la señal de Sicom, obedeció por su relación de compadrazgo y complicidad económica con el titular de Comunicación Social, otro lo hizo por la campaña de desprestigio que desde hace meses mantiene en la estación de radio - que solamente Luis Paredes Moctezuma y Antonio Hernández y Genis escuchan - contra el munícipe que no accedió a darle los 500 mil pesos con que trató de extorsionarlo.

 

Dos más lo hicieron por la camiseta zavalista – no necesariamente marinista - que tienen puesta desde que comenzó el trienio y uno más, en el mismo medio que los dos anteriores, Intolerancia, acató la orden por los altos intereses económicos que lo ligan a la actual jerarquía de la BUAP.

 

Es el reinicio de la guerra sucia, del fuego amigo, que el propio Doger Guerrero vaticinó el mismo viernes y que deberá enfrentar todo aquél que se atreva a desafiar al “Proyecto Z” y a exigir una contienda interna equitativa, democrática, con reglas claras y una dirigencia priísta dispuesta a garantizar la legitimidad del proceso y no a manipularlo o dirigirlo.

 

Esta andanada mediática antidogerista es – seguramente – la primera de las muchas se que se ejecutarán y se multiplicarán (tanto en cantidad como en virulencia) a partir del 15 de febrero del 2008. Pero no solamente hubo una “represalia” en medios informativos, sino que Valentín Meneses trató de poner un alto a las aspiraciones del edil, pese a que no tiene la autoridad moral ni política para hacerlo, después de que consintió los destapes previos de Javier López Zavala y Jorge Charbel Estefan Chidiac.

 

Así es: el presidente estatal del PRI guardó un silencio cómplice y vergonzoso el 18 de julio de este año, cuando en una entrevista radiofónica López Zavala se destapó como precandidato a la gubernatura, pese a que todavía fungía como secretario de Gobernación y a que La Jornada de Oriente publicó ese destape a ocho columnas un día después.

 

Más tarde, el 12 de agosto pasado, en rueda de prensa y ya fungiendo como coordinador de Promoción al Voto del PRI, el ex funcionario estatal insistió en sus aspiraciones por la gubernatura y toda la prensa publicó su pretensión, sin que nadie del PRI tratara de imponerle un “voto de silencio” o lo acusara de indisciplinado.

 

También disfrutó de esta permisividad partidista Jorge Charbel Estefan Chidiac, quien apenas dos días después de la contienda del 11 de noviembre y en su calidad de diputado federal y presidente de la comisión de Hacienda pidió su inclusión en la lista de aspirantes.

 

Nadie del PRI cuestionó o criticó los destapes de López Zavala o Jorge Charbel Estefan Chidiac, quienes tampoco han sido “reprendidos” por su gran activismo mediático y político, pese a que el primero trata de venderse como el “hacedor” de las victorias priístas de la pasada elección, mientras que el segundo presume su supuesto rol de “rey Midas” de las finanzas estatales.

 

En consecuencia, el hecho de que Meneses Rojas haya sido permisivo con dos precandidatos e intente reprimir a uno más, demuestra un doble criterio para abordar conductas iguales y lo descalifica como garante de un proceso que debería ser equitativo, transparente y democrático, para que genere certeza y unidad en los priístas (primero) y en la sociedad (después).

 

Si Meneses Rojas carece de la imparcialidad, capacidad y talento suficientes para llevar a buen puerto el proceso de sucesión, quizá sea mejor buscar un dirigente partidista comprometido con el PRI y no con uno de los grupos que lo conforman. De lo contrario, la falta de unidad interna podría revertir las victorias actuales y convertirlas en derrotas.  

 

Estocada

 

Mañana se dará la votación, supuestamente final, del dictamen del magistrado Juan Silva Meza en torno al caso Cacho. Una nota de hoy en La Jornada adelanta que la mayoría en la SCJN estaría contra el veredicto; sin embargo, las dos intervenciones de este lunes fueron negativas no solamente al mandatario estatal, sino a sus colaboradores actuales y anteriores.

 

Y aunque se sabe que la decisión de la SCJN no tendrá repercusiones legales, lo cierto es que nada ni nadie – en su sano juicio - podrá negar el desprestigio y la condena moral, social y política contra los involucrados en el caso Cacho, porque no es precisamente “honroso” haber sido encontrado culpable en el máximo tribunal del país del complot contra la periodista.

 

Tampoco se puede negar que el Congreso local se enlodará todavía más, si los magistrados votan contra el gobierno y turnan el caso a la próxima legislatura, donde, curiosamente, uno de los ex funcionarios involucrados en el caso Cacho, el propio López Zavala, se encargaría de darle carpetazo como presidente de la Gran Comisión.

 

Pese a que lo nieguen y hasta sean premiados con cargos públicos o de representación popular no ganados en las urnas, los participantes en este asunto dañaron a Puebla. Llama la atención que ninguno de los colaboradores del gobernador que hoy dicen rasgarse las vestiduras por él y usan su supuesta “lealtad” como moneda de cambio para encubrir sus aspiraciones políticas personales, haya sido capaz de prevenirlo de lo que sucedería a la entidad y al mandatario por este error.

 




 
 

 

 
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