Duelo de Espadas


Edmundo Dantés


Calderón y calderonismo, dos años después


Dos años y varios meses tuvieron que pasar para que el Tribunal Electoral del Poder Judicial federal ordenara al IFE sancionar al PRI y PAN por permitir los spots con que el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) incurrió en diversos delitos electorales al implementar una campaña contra el candidato de la Coalición por el Bien de Todos a la Presidencia de la República en la contienda del 2006, Andrés Manuel López Obrador. 


Cabe recordar que en el primer semestre de 2006, el titular del CCE, José Luis Barraza, inició una campaña de anuncios en radio y televisión para pedir a la ciudadanía que “no cambiara de modelo económico” en la elección de julio, y que “cuidara lo que tenemos”, en una clara alusión a que si triunfaba alguien diferente al candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, el país se sumiría en una grave crisis, sobre todo si ganaba el “peligro para México” (como lo llamó la ultraderecha, la IP y la iglesia católica), Andrés Manuel López Obrador.


Los anuncios del CCE amenazando con que la modificación del sistema económico provocaría una debacle, recibieron una tenue crítica por el entonces presidente del IFE, Luís Carlos Ugalde, pese a que la Coalición por el Bien de Todos se inconformó legalmente por la manipulación al voto en que incurrieron José Luis Barraza y compañía. 


La tibieza de las supuestas autoridades electorales permitió no sólo que el CCE continuara en campaña, sino que el propio Vicente Fox Quesada hiciera proselitismo a favor del PAN, como lo demostró el mismo ex “presichente” a finales de ese año, cuando minimizó a Calderón diciendo al diario nacional Excélsior que él había ganado dos veces la Presidencia de la República, y que si bien López Obrador lo venció por no haber podido desaforarlo, él lo derrotó en las urnas el 2 de julio de 2006.


Incluso, el 1 de junio de 2006, José Luis Barraza —a nombre del CCE y de toda la cúpula empresarial nacional— calificó como “demagógicas y populistas” las plataformas económicas de los candidatos del PRI y PRD, porque incluía la propuesta de apoyar a los mexicanos con salarios menores a 9 mil pesos mensuales.   

 

Dos años después

 

Excesivamente generoso con quienes lo “ayudaron” a llegar al Ejecutivo federal, en octubre de 2007 Felipe Calderón Hinojosa le pagó a José Luis Barraza el favor de haber hecho proselitismo a su favor un año antes regalándole Aeroméxico a un costo irrisorio de 249 millones de dólares, pese a ser una de las dos aerolíneas líderes en el mercado nacional.


En esa ocasión, Moisés Saba, empresario que también pujó por Aeroméxico, denunció que “hubo reglas dictadas claramente por un régimen dictatorial, en México no hay seguridad jurídica”, lo que se comprueba por el hecho de que el precio de la empresa — según los libros de la misma— debió haber sido cuando menos 100 millones de dólares mayor al pagado por Barraza y sus secuaces.


Pero Calderón Hinojosa no solamente le regaló una lucrativa empresa a su cómplice y expresidente del CCE, sino que su generosidad lo ha llevado a implementar una guerra sucia (como la que José Luis Barraza ejecutó contra AMLO) para que las llamadas aerolíneas de bajo costo dejen de funcionar y el negocio de su amigo, Aeroméxico, se convierta en un duopolio, como el que ejercen TV Azteca y Televisa.


Así, en lo que va del calderonismo, la SCT ha bajado del aire a muchas competidoras de Aeroméxico, como Expressjet, Aerocalifornia, Avolar, Nova Air, Magnicharter (suspensión provisional), Avolar, Aviacsa, entre otras, poniendo de pretexto adeudos con el gobierno federal, pese a que las llamadas “aerolíneas grandes” también le deben a la SCT y no han sido molestadas y mucho menos sancionadas por ello.


Lo único que consiguió Calderón Hinojosa desapareciendo las aerolíneas de bajo costo y privilegiando la empresa de su amigo Barraza —además de cerrar miles de fuentes de empleo— es dejar a los mexicanos de clase media sin la posibilidad de viajar en avión dentro de su propio país, ya que el duopolio fortalecido desde el gobierno federal puede encarecer las tarifas todo lo que se le dé la gana.


Desde luego que también ha quedado más que claro que, a casi dos años de que “el presidente del empleo y la estabilidad” tomara posesión de un cargo que no se sabe si obtuvo en las urnas, el país vive una profunda crisis provocada por su incapacidad y tampoco ha atraído inversiones ni generado nuevas fuentes de trabajo, como lo reconoció en días pasados su secretario del ramo, Javier Lozano Alarcón, al vaticinar que —cuando menos hasta 2010— la gestión calderonista no podrá crear más de 300 mil plazas anuales. 


Los únicos compromisos que el “presidente del empleo” ha cumplido son con los cómplices que le allanaron el camino a la silla presidencial: Elba Esther Gordillo Morales, José Luis Barraza y varios gobernadores priístas que en la contienda de 2006 “operaron” contra el PRI, al ver que Roberto Madrazo no tenía posibilidades de ganar y una vez que la propia lideresa del SNTE les preguntó: “¿estás con amarillo o con azul?”.


Además, Calderón Hinojosa sostiene una permanente campaña de empobrecimiento contra los mexicanos, a quienes nos ha impuesto un régimen de encarecimiento de productos básicos que supera el 35 por ciento en lo que va de su gestión, al mismo tiempo que el principal producto que vende el gobierno, la gasolina, mantiene una tendencia alcista que solamente genera más inflación, marginación y depauperación.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas