Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

01/07/2011

 

Hoy tiembla en Puebla


La semana que acaba tuvo un saldo fatal para el gobierno del estado. Una refriega en La fayuca con exceso de brutalidad. Un Colegio de Bachilleres de Puebla con dinamita en sus entrañas. Una llamada de atención del Poder Legislativo federal para que el gobierno morenovallista no cachondee la intimidad de los sindicatos poblanos. Un ventaneo nacional por haberse convertido Puebla en caja chica de la candidata panista al gobierno de Nayarit, Martha Elena García. Un incremento aterrador en el índice de secuestros. Y una tormenta tropical de grandes proporciones no son sucesos que alienten cachunes ni goyas.


Nomás faltó que un perro electrizante meara casa Aguayo y Puebla, ¡carajo! Y si a eso le sumamos el extraordinario reportaje de Intolerancia Diario donde revela que los funcionarios morenovallistas consumen el agua embotellada más cara del mundo no quiero ni imaginar la mentadera de madres que cimbrará por ahí de los 7 grados en la escala de Richter Los Fuertes de Loreto y Guadalupe cuando el director de comunicación social Sergio Ramírez Robles entregue al mandatario –con manos temblorosas- su análisis mediático de la semana.


¿Quién dice que gobernar un estado es cosa fácil? Tendrían que preguntar –los interesados- a Ulises Ruiz o a Mario Marín sus recetas secretas, las de la abuela pues, para aprender a digerir los tiempos de malagüero y salaciones, esos donde les caen en la maroma o dijeran los detectives con las manos en la masa, y aún así ni la vida les corre y pueden dormir plácidamente sus 7 horas de regla.


Un mal día, como una mala semana, como un mal mes, como un mal año y como un mal sexenio lo tiene cualquiera: El gobierno y sus gobernados. Por eso mismo, deben acostumbrarse unos y otros, a soportar sus liberaciones de óvulos, pero más que eso, a aprender a entenderse mutuamente. El gobierno, a entender que el gobernado está en su derecho de manifestarse cuando le violan sus garantías individuales y su fervor para ganarse la vida como Dios manda, como los de la 46 y La fayuca, digamos. Y el gobernado, a comprender que todos, sin excepción, de candidato son unos y de gobierno son otros, como la princesa Fiona, por ejemplo, en su transformación de día y noche.

 

Lo padre de todo esto, es que tanto el gobierno como sus gobernados, siempre tendrán una segunda oportunidad para saldar sus pendientes, claro, como en cualquier matrimonio, mientras el detalle no ofende la inteligencia  o no existan de por medio agresiones arteras y ventajosas, como las que acostumbra Ardelio, por decir. Eso debe alentar a Sergio Robles a que no todos los viernes llevará análisis semanales de llanto, también los habrá de vino tinto, porque hay un Dios…

 



 
 

 

 
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