Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

01/12/2010

¿Traer o no traer la guerra de Calderón a Puebla?


Hoy por hoy, por sobre cualquier tema social, financiero o político se encuentra la seguridad; por eso mismo, el solo hecho de querer adivinar lo que viene para Puebla con Rafael Moreno Valle en tan delgado hilo crea preocupación y zozobra, cuando lo ideal no es adivinar sino asumir el compromiso de que nuestro estado no se convierta en caldo de cultivo para que pulule el narcotráfico como lo ha hecho en otras partes del país.


¿Qué hay que hacer para que eso no suceda? Lo que sea necesario. Todo. ¡Y todo es todo!, así, pelón, sin reservas ni morrallas, sustos ni disgustos. Me sumo pues, a aquellos que creen que la guerra contra la epidemia del narcotráfico está perdida no por pesimismo o falta de fe; el número de muertos por encima de 30 mil lo certifica y la caliente situación que nos empapa lo avala, pese al discurso político que en eventos de corbatas y blazers dice enteramente lo contrario.


No es contradecir a nadie por el solo hecho de hacerlo ni demeritar los furibundos y apasionados discursos del presidente de la república culpando a sus antecesores por lo que él mismo propicio con su guerra personal e intestina, sino de mirar la cruel tempestad con ríos inagotables de aguas rojas que se ha ceñido sobre la mayor parte de entidades, ciudades y municipios del país y que no se puede entender, comprender ni visualizar cómo diablos ni de qué manera Felipe Calderón con los dos años que le restan y las endebles instituciones de seguridad y justicia habrán de frenarla.


La detención de narcos importantes en Puebla y las labores de inteligencia del dominio público explican a los poblanos, con peras y manzanas, más de lo que informan las noticias locales, porque si bien nos creíamos ajenos a las terribles vivencias de Juárez, Sinaloa, Monterrey, Morelia, Nuevo León, Tamaulipas, Guerrero y Veracruz, la verdad aunque incomode, nos hizo despertar con El Grande, El Z18, Beltrán Leyva, El Chapo y La Barbie de un terrible sueño para entrar a una mortal pesadilla en la calle del infierno.


Los foros ciudadanos organizados por Moreno Valle y los suyos son florituras de un gobierno entrante deseoso de blof, pasarelas y de querer llegar ya, cuando los temas de salud, educación, simplificación administrativa, obra pública, apoyo al campo, infraestructura y transparencia no dejan de ser –en este preciso instante- asuntos torales sí, pero secundarios. Lo urgente es la seguridad, el estado de derecho y la reconstrucción del estado fallido al que no es ajeno Puebla con todo y lo que se presuma y trate de ocultarse.


Reconocimientos como el que le entregaron los diputados priistas a Mario Marín por sus resultados en materia de seguridad resultan tan banales como las estatuillas de TV Novelas y Furia Musical, si tomamos en cuenta que nada le ganó ni pudo ganarle a la inseguridad y al narcotráfico por ser fenómenos dinámicos que superan por amplio margen a las entidades federativas y que hoy por hoy van más allá de un sexenio con su gobernante.


¿Qué Puebla nos espera en materia de narcotráfico, crimen organizado e inseguridad para los próximos seis años? ¿Cómo logrará Moreno Valle aislar a Puebla respecto al resto de los estados que sufren actos terroristas? ¿Pedirá a la prensa local que evite difundir entambados, ejecutados, granadazos, masacres y todo tipo de actos deleznables asociados al narco para ofrecer al respetable un gobierno de aparador y de mundo maravilloso? ¿Qué hará y qué estará dispuesto a hacer para no juarizar Puebla?

 

¿El súper policía, Ardelio Vargas, con su casco de El comanche será garantía? No lo creo. Pero, si trae la guerra de Calderón a Puebla, estará cometiendo el mismo error.  

 



 
 

 

 
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