Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

03/06/2011

 

¿Después de Blanca se madrearán a Enrique Doger?


El intento fue bueno, pero la coartada mala. Eduardo Rivera Pérez y El yunque hicieron su mejor esfuerzo para abollar la reputación de Blanca Alcalá a quien suponen enfrentarán en las elecciones de 2012 en el rubro de senador de la república; en efecto, Alcalá es quizá de las figuras emblemáticas del PRI, la más importante en este momento.


Su comparación solo podría situarse en rango de miras e importancia salvadora priista con Enrique Doger Guerrero. Simple: Los dos fueron alcaldes de Puebla y cruzaron el pantano comicial de 2010 sin mancharse las alas, por no tener ningún vínculo con el marinismo, algo de lo que no puede presumir ni el líder estatal priista Juan Carlos Lastiri ni su antecesor Alejandro Armenta.


Entender que Rivera Pérez y El yunque propinan golpes al hígado del PRI en la figura de Alcalá no es complicado. Y Lastiri y los priistas deberían entenderlo, si no fueran tan de cabeza dura. No se han dado cuenta pues, no visualizan, que están golpeando a su partido en el flanco donde Alejandro Magno encontró la mejor estrategia para ganar sus más importantes batallas a Darío y a los egipcios.


Los yunquistas no son tontos, saben dónde golpear; saben, como dicen los boxeadores profesionales, que golpeando los lados, la cabeza cae por sí sola. Seamos observadores, al yunquismo no le interesa tundir la moral, ética y apellido del marinismo, dígase Mario Marín o Javier López Zavala, entre otros, no al menos en este momento, cuando saben que mediáticamente otros están haciendo esa tarea y que el gobernador Rafael Moreno Valle es su mejor guardaespaldas.


Desde su lógica extrema, diezmando la energía positiva de Alcalá, debilitan también al priismo; como quien dice, matan dos pájaros de un tiro. El golpeteo incesante a la exalcaldesa de Puebla obedece a una estrategia bien planeada, difícil de simular. Y los priistas bien gracias, no acaban de entender que el infortunio de Blanca a ellos también les alcanza.


Otros, más inteligentes en su lugar, desde el momento mismo que El yunque a través del alcalde Eduardo Rivera embistió a Alcalá, hubiesen cerrado filas y diseñado su propia estrategia reactiva. No porque Blanca les caiga bien o mal, esos son otros menesteres, sino porque el fin se circunscribe a debilitar a su partido. Así de simple.

 

Suena irónico y, hasta, penoso que mejor la alma mater de Blanca Alcalá, la Universidad de las Américas, haya dado la cara por ella que su mismo partido. Y si no lo ha pensado, hágalo: ¿En qué se basarán los yunquistas para asegurar –con sus acciones- que Blanca será candidata al senado de la república? ¿Por qué están tan seguros? Insisto y vuelvo a insistir, El yunque no es un demente; considérelo, otra presa no menos apetitosa lo es Enrique Doger, quien supongo al ver a Blanca debe entenderlo. Por eso mismo, ya se habrá preguntado: ¿Después de madrearse a Blanca empezarán con él?

 



 
 

 

 
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