Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

05/11/2012

 

El coliseo poblano de 2013


Los que sostenemos que el próximo presidente municipal de Puebla lo pondrá Enrique Peña Nieto y no nuestros brillantes políticos locales debemos provocarle poca gracia cuando menos a cuatro actores políticos de por aquí cerca; en concreto, me refiero a Rafael Moreno Valle, a Jorge Aguilar Chedraui, a Tony Gali y a los amos de la tenebra: El Yunque.


¿Por qué de esa poca gracia? Por la sencilla razón de que si Gali y Aguilar Chedraui ya entendieron o tienen conocimiento de que pueden ser lanzados al Coliseo Poblano del 2013 para que los devoren los leones, muy en el interior dudo mucho que estén satisfechos con su final. Seamos realistas a nadie le gustaría que lo aventaran a las fieras y no creo que ellos sean la excepción.


Insistir, insistir e insistir (aun siendo falso) que será el próximo inquilino de Los pinos quien le diga quién debe ganar y quiénes deben perder tampoco creo que sea gracioso para las pulgas de nuestro querido gobernador. Y es obvio. Si él y Peña Nieto lo saben pues bien, pero que el mundo sepa de las componendas que se traen entre manos va de lo íntimo a lo ridículo.
Por otro lado, ya parece que al Yunque le va a gustar que le echen montón los gobiernos federal y estatal. De a uno por uno, supongamos que la cosa sería más pareja y sus adeptos ya verían cómo se las arreglan, pero imagine a las magnas estructuras peñanietistas y morenovallistas volcadas sobre ellos. Francamente me declaro incrédulo de pensar siquiera que Eduardo Rivera y el ayuntamiento que preside puedan frenarlos.


Enjuagues como el que pronosticamos ocurrirá en 2013 son eventos de los que si en el pasado se llegó a dudar hoy tenemos la más clara certeza de que son posibles, por la existencia de pruebas vivientes y porque ya sabemos cómo se las gastan los pragmáticos de la política poblana.

 

¿Cuándo se ha visto que los políticos jueguen legal? Nunca. Y los pragmáticos menos. Allí está el meollo del asunto. En la política de hoy todo es posible y los arreglos difícilmente son ocultables. Lo peor del caso es que aunque los involucrados lo nieguen, son pocos los que creerán en la seriedad de sus rostros, en su lealtad, en su palabra y en su pecho sano. ¿Cierto o falso?

 

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