Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

06/04/2011

 

El riesgo de transformarse de superhéroe a supervillano


Los cien días del nuevo gobierno corren el riesgo de ser evaluados más que por el número de logros por la cantidad de enemigos que éste se echó a cuestas y su perfil irascible. Lo que sería evidentemente algo muy grave. Pero también por su incumplimiento de acuerdos políticos y por la saña con que persigue y combate a sus adversarios.


Sun Tzu y Napoleón recomendaban en sus tratados de guerra asegurarse de que las tropas tuvieran actividad bélica constante para que no se volvieran perezosas y perdieran su habilidad y destreza. Sin embargo la cantidad de enemigos que ha creado éste nuevo gobierno podrían ser más de los que necesita para no perder su agilidad física y mental.


Por simple ejercicio contable enumeremos pues a los enemigos más visibles hasta el corte de caja de hoy: Las organizaciones campesinas, entre ellas Antorcha Campesina, a quienes el gobierno de Nueva Generación sentenció que no les dará un solo peso; el PAN, por el poco juego que le dio en el gabinete, el control que pretende tener del partido en la renovación del Consejo Político y la nominación de candidatos; El Yunque, por sus deseos de exterminio; los medios de comunicación, por la Ley mordaza y por vengarse de ellos; el PRD, por los pocos puestos que le dio, ninguno de ellos de relevancia y porque sus intereses políticos comenzaron a navegar en lanchas diferentes con miras al 2012; los constructores locales que ven a las empresas foráneas adjudicarse la obra pública de alta valía; miles de burócratas despedidos y así podríamos seguir.


Los que vimos los toros desde la barrera desconocemos a ciencia cierta cómo y de qué manera se dieron los acuerdos entre los nuevos gobernantes y los políticos, pero las quejas no faltan en las mesas de café y en los parajes de la grilla, y se admita o no son un indicativo, un sentimiento. ¿Qué debieron de haber hecho para dar veracidad a las quejas? ¿Debieron haber firmado un papel? ¿Sellado el pacto con sangre? ¿Haber filmado el acuerdo? ¿O qué?


El apartado de los acuerdos, siendo sinceros, resulta muy subjetivo. Es cierto. Lo admito. No hay forma de demostrar ni de comprobar su veracidad. Pero sí existen otros, diríamos que de percepción, como son los casos de Ricardo Henaine, José Juan Espinosa e incluso la misma prensa local, en los que se percibe, se ve pues, una evidente persecución, furia y deseo de venganza, ímpetu pues de destruir.


Lo riesgoso de la percepción del nuevo gobierno no es que construya una bonita imagen de lo que ha hecho, que se cobre las que le deben. O que se vengue de sus enemigos sino que refleje, demuestre y exhiba saña en su método destructivo. Saña en las persecuciones. Y, lo peor, irascibilidad para apagar las conflagraciones, para terminar un conflicto en el cual el oponente mediático, político, etc., lo que no quiere más es pelear, por saberse vencido.


Decía Sun Tzu: Es mejor tomar un batallón que destruirlo. Tal vez, la razón le asista al nuevo gobierno, tal vez sean válidos sus argumentos de destruir los vicios del otro gobierno, de borrar de la faz de la tierra a los villanos mediáticos, a las organizaciones campesinas, empresariales, políticas, partidistas y los que me falten, sin embargo con esa percepción que irradiará en sus primeros Cien Días corre más el riesgo de haber creado un Supervillano que haber destruido a los villanos ya existentes.

 

Algo muy parecido a lo que le ocurrió a Hades, aquel ser extraordinario de la mitología griega, que aún no siendo injusto ni malvado, fue aborrecido por el hombre y considerado un monstruo siendo un héroe.

 



 
 

 

 
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