Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

06/06/2011

 

Si cayó Hank puede caer Marín, aun habiendo pacto


El priismo de abajo, el de la militancia pues, repudia a Mario Marín, lo quiere lejos de su instituto político, no lo traga.  Si es posible –exige encorajinado- que lo expulsen por farsante. Juan Carlos Lastiri cada que escucha la bravata y le piden su expulsión, se hace que la Virgen le habla, actúa como rabino del club de los optimistas: ¡Ánimo! ¡Unidad! ¡Olvidar el pasado! ¡Mirar al futuro!


Todo esto, se ha convertido en una cantaleta generalizada y endemoniadamente repetitiva para Lastiri ahora que consensa en el interior del estado la renovación de los consejos municipales del PRI. Las cenizas de la derrota no se han enfriado, están calientes, y no se ve que lo hagan de rápido.


El meollo del asunto lo interpreta Lastiri a la primera de cambio. Los próximos integrantes de los comités municipales no quieren a Marín de candidato, no digamos al Senado de la República, a ninguna cosa, vaya, ni a una asociación de padres de familia. “Si el partido lo nomina a algo, nosotros les tiramos su comité y nos vamos a otro instituto”, amenazan de a devis.


No es que la tragedia les haya vuelto el corazón de acero, como cantaba Sonia López con la Sonora Santanera allá en los años 60, lo que pasa es que la militancia piensa que si Lastiri está armando los comités del interior rumbo al 2012, a lo mejor le pide que apoye a Marín para el Senado, sabedora de que fue su vasallo en la Sedeso y de que tiene el fierro de la “M” quemado en el anca.


Bien dice el dicho que la burra no era arisca, la hicieron, y por si las recochinas dudas la militancia se cura en salud, antes de que el Comité Directivo Estatal del PRI le salga con que a Chuchita la bolsearon o con su domingo siete pidiendo favores para quien detesta. La petición de los priistas, de abajo, no es coartar el derecho de Marín a votar y ser votado, obsequio que la Constitución da a todo mexicano, sino cobrarle su perjurio político.


Algo nos había dicho, hace meses, una corazonada, un supuesto, un te lo dije, que Marín no sería candidato. Sea lo que sea, la intuición de suponer lo que ocurrirá en 2012 está confirmado en junio de 2011: Marín no será nada. Nada de nada. Y Lastiri como don Ranulfo Márquez, como Peña Nieto, como Moreira están conscientes de su tufo. Ir contra las leyes de la naturaleza política sería además de un suicidio una afrenta a la militancia, a su previsión y a su inteligencia.


Y así como se está poniendo el asunto, yo iría más allá, Marín no solo no será nada, sino que se ha convertido en un peligro tanto para el PRI poblano como para el priismo nacional. La detención de Jorge Hank Rhon lo confirma. Humberto Moreira y Manlio Fabio Beltrones alertaron el 30 de mayo que la presidencia de la república intentaría disminuir a su partido y a Enrique Peña Nieto, a propósito de la elección en Edomex y de las federales de 2012, muy seguramente a través de la detención de uno de sus exgobernadores por los delitos de tráfico o corrupción.


De momento no cayó ninguno de ellos, pero lo hizo Hank Rhon, de igual o mejor tamaño, ni duda. La pregunta de los 60 millones es: ¿Quién sigue en esa embestida de la presidencia? Ni duda, Mario Marín sería una extraordinaria pieza de caza. Es figura nacional e internacional, igual que Hank Rhon. Y lo mismo dañaría la reputación del PRI y de Peña Nieto, que si incautaran armas o droga de la misma sede nacional priista.


La presunción de un posible pacto de impunidad entre Rafael Moreno Valle, Elba Esther y Mario Marín nos ha hecho pensar que está a salvo. No lo creo. Ya no. Lo que está en juego es la presidencia de la república; si Hank cayó, puede caer Marín. Bajar a como dé lugar al PRI y a Peña Nieto es prioridad, por encima del qué sea, con o sin pacto.

 

Tomemos en cuenta pues, que hay cosas que escapan al ámbito de Moreno Valle y de Elba Esther por ser decisiones de estado. Hoy por hoy, puede caer cualquier priista de alta plusvalía, incluyendo Marín que a los ojos del país tiene cuentas pendientes con la justicia o, mejor aún, en plena campaña ya clavado en la lista de plurinominales al Senado o a una diputación, lo que sería aún más dañino, y tanto  Peña Nieto como Moreira lo saben. A la militancia le hará justicia el destino: Marín no será nada para no arriesgar el proyecto Edomex.

 



 
 

 

 
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