Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

06/06/2012

 

¿Acaso está el gobernador en un lecho de rosas?


Las dos campañas del PAN, la del Yunque y la del gobernador, tienen un mismo diagnóstico: sus candidatos no levantan por más carne que le echan al asador. Por así decirlo, lo mismo le costará ganar al “Huevo” Enrique Guevara que a Néstor Gordillo, en sus respectivos distritos, con los asegunes, bendiciones y proyecciones que tengan sus grupos políticos para uno y otro.


Los suyos no son casos especiales ni extraordinarios, lo mismo deben padecer sus compañeros de partido en el interior de la entidad. ¿Por qué? Porque (hablando en plata) su verdadera lucha no es contra los candidatos priistas y perredistas, sino contra el desempeño de un gobierno federal ineficiente y una candidata presidencial panista errática.


Hacer campaña y querer ganar, en esas condiciones, es complicado. Y si a eso se le suma que Josefina Vázquez Mota es tercer lugar en la preferencia del voto, nomás imagine y saque sus propias conclusiones. El colofón al que con seguridad llegará se lo adelanto: son víctimas, tanto los candidatos yunquistas como los morenovallistas, de la misma circunstancia negativa.


Y es, precisamente, esa misma circunstancia del PAN la que de manera natural debe dar ciertas ventajas ya no digamos sólo a Enrique Doger y a Pablo Fernández del Campo en los distritos VI y XII de la capital, también a los candidatos priistas y perredistas de esos y otros distritos del estado.


Todavía recuerdo la forma rabiosa e inapropiada en que el líder estatal del PAN, Juan Carlos Mondragón, señaló ­­­–hace unos días– a Rafael Moreno Valle por (presuntamente) jugarle vencidas a su partido y tener complicidades con el PRI en esta campaña, cuando si de encontrar culpables se tratase tendrían él y los demás panistas que volver la vista a Felipe Calderón y Vázquez Mota.

 

Asimilar que Moreno Valle, igual que sucede con El Yunque, enfrenta problemas para que Néstor Gordillo, Inés Saturnino, Antonio Vázquez y Blanca Jiménez, entre otros de los suyos, lleguen a la Cámara de diputados por la vía del triunfo no es complicado. Es obvio. Él, como los yunquistas, tiene serias complicaciones y habría que comprenderlo.

 

La paradoja aquella de Cuauhtémoc y del Señor de Tlacopan, cuando les quemaron los pies para que revelaran dónde se encontraba el gran tesoro azteca, es la misma que padece el mandatario: “¿Acaso estoy yo en un lecho de rosas?”. El gobernador debe de estar preocupado y afligido, y definitivamente no se encuentra en el lecho de rosas que suponen Juan Carlos Mondragón, Eduardo Rivera y El Yunque. También sufre y se acongoja por el desenlace comicial que se avecina.

 



 
 

 

 
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