Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

06/07/2011

 

Aréchiga y su estrategia del olvido de 24 horas, ¡acaso cree que somos estúpidos!


En apariencia, Guillermo Aréchiga ganó 24 horas de gracia cuando postergó la sesión ordinaria del Congreso del Estado de jueves para viernes. Equivocación, yo más bien creo que perdió tiempo valioso para aclarar las múltiples imputaciones de mapachería que le endilgaron en las elecciones extraordinarias de Tecuanipan, donde más de un elector lo vio repartiendo dinero en efectivo y enceres domésticos como si fuese el Papá Noel de los desamparados


Y miren que la pinta la tiene: Barbado, obeso, con papada exacerbada, chaparrón y caricaturesco, físico que aunque lejos de un Brad Pitt o un George Clooney tendría que agradecer al Creador por haberlo tallado –como jarrito de Amozoc- a imagen y semejanza del gran Santa Claus que esperan allá por diciembre los bien portados, pero que de manera misteriosa se apareció justo donde había procesos electorales.


Insisto, me parece que pierde tiempo, porque si bien retrasa el escándalo que probablemente será discutido y ventilado en la sesión ordinaria venidera, no lo concluye ante la opinión pública, lo que hubiese sido de mayor beneficio si de alguna forma demostrara que a su auto compacto no le caben más de dos pasajeros, menos aún centenares de licuadoras, planchas, vajillas, hornos de microondas y costales de dinero.


Varios legisladores locales, entre los que se encuentra José Juan Espinosa, no se equivocan cuando etiquetan a Aréchiga de gandalla y delincuente, y es que si disponer de los recursos humanos, financieros y materiales del Congreso del Estado no es un delito, ¿entonces dónde podría ser encuadrada una falta de semejante gravedad y naturaleza? Nomás le faltó oficializar el cambio de sede del Poder Legislativo.


La actitud clientelar de Aréchiga en la jornada comicial del domingo pasado, me recuerda la vez que George W Bush dijo a su muy peculiar estilo texano: Un número bajo de votantes, es un indicativo de que menos personas están yendo a votar. Si el argumento del presidente de la Gran Comisión es ese dislate, debió haber convocado a sus compañeros de las distintas fracciones parlamentarias para que más enceres domésticos llegaran a Tecuanipan en aras de incrementar los niveles de votación.


Yo, como tal vez algún otro despistado de aquí cerca, me pregunto: ¿Cambiar de jueves para viernes la sesión ordinaria del Congreso no ofende la inteligencia de sus compañeros legisladores? ¿No lo hace también con la sociedad? Lo ideal, era que Aréchiga justificara lo más rápido posible con argumentos serios y sólidos, por qué a través de él fueron canalizados tantos recursos a Tecuanipan. ¿Los adquirió con su dieta de diputado o quién se los dio?


En este estado, ya lo hemos dicho como en tiempos de Echeverría, nada se mueve, ni el Legislativo ni el Judicial, sino es con el consentimiento del primer administrador del estado. ¿Fue él quien le dio los Rotoplás que el Panal repartió días antes en Tecuanipan como alguna vez lo hizo Alejandro Armenta en Felipe Ángeles? Conociendo al gobernador Rafael Moreno Valle no lo creo, pero eso es lo que pienso yo, ¿qué pensará el PAN, PRI y Convergencia?


Una explicación sensata es la que debe Aréchiga al respetable y no dejar el escándalo a La estrategia del olvido, a la cual, según el juez español Baltasar Garzón, recurren los delincuentes universales para sortear sus delitos. Estrategia, en la que no debería fiarse si fuese inteligente, porque está probado que en lo mediático no funciona, si consideramos que la sociedad tiene una extraordinaria memoria, y el asunto de mapachería no es cosa de olvido ni de estrategia sino de truculencia y chapucería.

 

 



 
 

 

 
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