Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

06/10/2010

Mal constructor, pero buen destructor la prensa poblana


La prensa en Puebla dejó hace décadas de construir imágenes pulcras, honestas y piadosas de políticos y funcionarios de moda; fracasó pues en lo que mercadólogos gustan por tildar: vías de posicionamiento de un producto, basados en atributos. Y es que si un medio, electrónico o escrito, pretende edificar arquetipos modernos del Robin Hood medieval, la sociedad terminará por no tragarse el anzuelo.


Distinto al pasado de hace pocos años, la gente está más informada, es más crítica y analítica, y lo mejor, es capaz de elaborar sus propias conclusiones en torno a un gobernante, político y funcionario, incluso yendo contra el estratégico bombardeo de medios elaborado en el lobbying del gobierno en turno, fenómeno que tiene perfectamente cuantificado el gobernador electo Rafael Moreno Valle y su experto en la materia Marcelo García Almaguer.


Atreverse o no a desafiar a la prensa poblana, no creo que sea una política o decisión por consultar con la almohada de Moreno Valle y García Almaguer, por supuesto que a estas alturas del partido la deben tener decidida y valorada, y supongo que incluye a aquellos que pueden servirle no solo como aliados del nuevo régimen sino como enemigos formidables en el manejo de información no oficial, fiel espejo de las enseñanzas de Sun Tzu: “si no tienes enemigos, créalos”.


El fracaso de la prensa local en la construcción de la imagen positiva y oficial de sus gobernantes puede observarse en los estereotipos del Mariano Piña Olaya ladrón y sinvergüenza, del Manuel Bartlett tramposo y autoritario, del Melquiades Morales tibio y de débil carácter, y del Mario Marín cabrón, necio y prepotente.


Contrario a otros analistas, no comparto la idea de que el bono sexenal de Moreno Valle sea tan enormemente proporcional al número de votos que obtuvo el 4 de julio, elemento que en apariencia le autoriza borrar del mapa geográfico y crítico a la prensa local siendo poderes fácticos distintos, más bien habría que ponderar que el bono tiene las mismas dimensiones de las expectativas que la gente ha creado en función de lo que haga o deje de hacer, cometa o deje de cometer, cumpla o deje de cumplir.


Y es en esa parte, en esa zona de la cancha, del dejar de hacer, del robo, abuso, pillerías en ciernes e incumplimientos furtivos donde la prensa poblana se mueve como pocas en el país, es decir, si bien fracasó en la construcción de imágenes y posicionamientos azucarados de sus gobernantes de paso tuvo un éxito enorme en la degradación de políticos y funcionarios; aprendió pues, maliciosamente acorde a sus intereses, a hacerlos pomada y a hundirlos en el desprestigio cuando son gobierno o grupos de poder.


Nadie escapó a ese aprendizaje, la prensa local graduó extraordinarios alumnos y mejores profesionistas en el arte de madrear más que de analizar e informar, no solo por interés individual y de las casas editoras sino porque la clientela (políticos y funcionarios) así lo requirió y, como versa el dicho: al cliente lo que pida.


¿Cómo será la relación prensa-gobierno en el próximo sexenio? Los excesos por lo regular, dijera Fernando Savater en su Ética para Amador, son nocivos, de ahí la exigencia de implantar una política y estrategia gubernamental de medios perfectamente bien calculada en función del costo-beneficio-consecuencia, y si la nueva era del periodismo debe de privilegiar por circunstancia y coyuntura el profesionalismo y su penetración, se supone que solo los mejores y más aptos sobrevivirán, lo que es perfectamente válido.


Me parece que equivocan sus análisis aquellos que, más como deseo de hada madrina que como realidad, creen que exterminarán las plumas de los periodistas templados al fragor de la batalla –siendo oficiales y no oficiales-, yo en cambio tengo la certeza que seguiré saboreando la buena prosa de los Ruedas, Mejías, Mondragones, Lunas, Morales, Núñez, Garcías, Ruizes, Cuadras y otros tantos que escapan a mi memoria, no solo en este sexenio, en muchos más por venir. Y que seguiré escuchando, igual a los Canales que a los Carlosmartines, Ivanes, Romeros, Varillas y a los López-Díaz nomás por decir.


Y lo creo por una razón, son periodistas en todo lo que vale e igual escriben en una estela que son capaces de informar en un aparato de sonido del zócalo; bueno, de Iván tengo mis reservas.

 



 
 

 

 
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