Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

08/07/2011

 

¿Usted le cree a Elba Esther y a Aréchiga?, yo no


¿Quién le cree a Guillermo Aréchiga y a Elba Esther Gordillo? ¡Por favor, seriedad! Tal vez Miguel Ángel Yunes no sea una blanca paloma, pero frente a La maestra, cualquiera, usted, yo y el qué me diga, lo parece y por consiguiente tendrá mayor credibilidad en un cruce de señalamientos arteros como los que se prodigaron estos dos personajes. No por otra cosa, sino porque se sabe que La Gordillo es capaz de todo; y el todo, implica lo más carroñero y deleznable.


La columna de Manuel Cuadras, de ayer, es una proclama de buenos deseos. Ojalá y el affaire Elba Esther-Yunes sea la anunciación del ocaso de esta mujer que tanto daño le ha hecho a las instituciones, a la democracia y a México. Distinto a lo que pudieran opinar, no más de dos piadosos del gobierno poblano, La maestra no merece perdón por sus fechorías, la más aberrante de todas, quizá sea haber desgraciado la educación y con ella a millones de niños, jóvenes y profesionistas.


¿Eso tiene perdón? No lo creo, no porque a sabiendas de que la enseñanza es la piedra filosofal de la civilización y del progreso, La Gordillo lucró y sigue haciéndolo con el futuro de múltiples generaciones de infantes, y en ella, es donde se trepa con su látigo de los siete pecados capitales para someter lo mismo a partidos políticos que presidentes de la república.


Bien hizo Aréchiga en aventar alocadas cachetadas guajoloteras para defender a su madrina política, aludiendo las irregularidades de un Yunes que fue su jefe durante dos años, lapso de tiempo en el que la pleitesía favorita, ¡sí señor!, le hizo cómplice de lo que hoy acusa: millonarias irregularidades en la adquisición y distribución de medicamento del ISSSTE.


El fuchi a destiempo de Guillermo Aréchiga lejos de ser valiente, es cobarde, y lo es, si se estima que lo hace dos años después de haber sido coordinador de delegaciones del instituto y, lo más reprobable, por ultimar a un amigo suyo, como él dice, en desgracia y en ausencia solo para quedar bien con la poderosa Maestra Gordillo y de paso con el gobernador Rafael Moreno Valle.


Lorenzo Meyer vino esta semana a darnos las condolencias por esa relación no lastimosa –como él la cita- sino penosa que sostiene nuestro gobernador y la lideresa vitalicia del SNTE. Nosotros lo lamentamos más, sin embargo, también entendemos que Moreno Valle tuvo que entregarle el alma al susodicho ente magisterial para poder ser gobernador; de otra forma, no lo hubiese logrado.

 

Mi talentoso colega Manuel Cuadras, con esos sus diminutos ojos, ve cerca El Otoño de la Matriarca Gordillo, ojalá y lo sea, aunque la verdad, esa mujer es tan mala-yerba que ni en el averno la debe querer Satanás temeroso de que le tumbe el cacicazgo como lo hizo con Jongitud. Lo dije antes y lo reitero, yo no le creo ni a Aréchiga ni a La maestra, sabedor de lo que son capaces, ¿usted sí?

 



 
 

 

 
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