Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

09/01/2013

 

El regalo prometido


Lo hecho por Pepe Chedraui es de admirarse. Hace apenas unos cuantos meses era un soberano desconocido y ahora, desde mi particular punto de vista, junto con Enrique Doger son los principales prospectos del PRI para la alcaldía de Puebla por no decir los únicos. Que su nombre haga cosquillas en el recuerdo de la gente es otra cosa; lo cierto es que en la élite política, su nombre tiene ya cierto peso.


Un día sí y otro también el rector de la BUAP, Enrique Agüera, recibe incienso periodístico creo yo que sin siquiera pedirlo; le insisten que es el mejor, que con él el PRI gana, triunfa, arrasa, hace polvo al que le pongan. No lo creo. Una campaña es otra cosa, es más que el lenguaje amoroso de una encuesta. Una campaña arroja porquería y media, y trae bajo el brazo acuerdos sórdidos.


A mí me admira lo de Pepe Chedraui porque en poco tiempo ha hecho más pero mucho más que otros políticos en años. ¿O no? De la noche a la mañana un día salió del clóset de la política o para ser directos de la cuarta división de la grilla y hoy ya juega en la liga estelar. Cierto es que su amistad con Enrique Peña Nieto es una energía propulsiva envidiable; sin embargo, él hizo la parte que le tocaba para ser lo que es: un serio prospecto. Que gane, sigo creyendo, no será asunto suyo.


Qué pensarán los viejos políticos priistas de él; esos que picaron piedra por años. ¿Su ente maligno los dejará dormir tranquilos? Qué pensarán los añejos cuadros panistas; aquellos que esculpieron discípulos en la clandestinidad para ser merecedores de la alcaldía, de una diputación o de la gubernatura. ¿Su santo los sorprendió? Es una incógnita. Chedraui se coló, y fue por suerte, fortuna o por el destino; como quiera que sea.


No cualquiera tiene de amigo fraterno a un presidente de la república. Sus espectaculares y los anuncios publicitarios alusivos a su programa de radio son feos y de oscura alegría visual; a mí no me gustan, pero eso no quiere decir que no le guste a la gente. Vaya, ni siquiera sé si estén cumpliendo con el propósito de anclarlo en la conciencia electoral. Llámelo como quiera: suerte, fortuna, destino o Peña Nieto, fue eso lo que tiene a Pepe Chedraui donde lo tiene, a un paso de la victoria, o de la derrota.

 

En efecto, ser candidato del PRI no es garantía de triunfo. Pepe puede ser candidato y salir derrotado. O, bien, resultar victorioso. Él en el fondo lo sabe, los acuerdos son determinantes y Puebla capital será moneda de canje, incluyendo el Congreso. Dejar a la deriva la cuarta ciudad más importante del país es una ingenuidad. Por eso Doger se encuentra pasivo, sigiloso, atento. Ya se verá si el amigo le obsequia el regalo prometido.

 

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