Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

10/01/2011

 

Un manjar en la mesa de Moreno Valle, ¿lo comerá?


La oportunidad de mostrarse como un gobernador sensible y magnánimo al reclamo de la gente no puede ser mejor para Rafael Moreno Valle si sabe capitalizar la querencia del segmento intelectual, académico, artístico y cultural que clama porque la Secretaría de Cultura no pierda su independencia y se convierta en apéndice de la Secretaría de Educación Pública tal y como pretende el gobernador electo.


Veámoslo de esta manera. La necedad, como dijo Marco Tulio, es la madre de todos los males. Moreno Valle como Fernando Manzanilla deberían saber que ganarse el reconocimiento de ese segmento en específico no es tarea fácil; por formación, son críticos, analíticos y exigentes, no se dejan llevar por el canto de las sirenas, las despensas ni el blof, no son rebaño, si en cambio son defensores a ultranza de todas las expresiones culturales por ínfimas que parezcan y en añadido son auténticos líderes entre la masa pensante.


Hasta donde se supo, a decir de los discursos de campaña, Moreno Valle sería un gobernador distinto a Mario Marín. Él, si sabría escuchar el reclamo de las personas, no sería autoritario, prepotente ni impositivo. Por el contrario, sería sensible y atinado en la toma de decisiones gubernamentales y administrativas. Hasta allí se quedó el respetable.


Meter reversa a su intentona de fusionar las secretarías de Cultura y Educación no sería visto como un acto de debilidad –si así se lo recalcan sus consejeros y asesores- sino de magnanimidad e interés de que las raíces culturales de los poblanos lo mismo que sus expresiones artísticas queden a buen resguardo, ajenas a las grillas magisteriales y a la política partidista que por acciones no deseadas pero recurrentes invaden el quehacer administrativo.


El segmento intelectual, académico y cultural sabe perfectamente que la reingeniería de la función pública y la modernidad administrativa ofertada por el gobierno electo son demagogia pura, un producto puesto en venta para que lo compren. La entiende como el sello peculiar, característico y particular que cada nuevo mandato estatal imprime a su quehacer público para diferenciarse y distanciarse de los vicios del gobierno saliente.


Si la polémica cultural fue calculada para generar ruido y malestar, y en consecuencia mostrar magnanimidad en el momento justo, sería brillante y pensante, habría sido pues, una genialidad. Pero si la acción no fue evaluada ni calculada, entonces habría sido un error del ingeniero contratado para construir la obra administrativa en la que descansará el morenovallismo. Una chambonada de Luis Carlos Ugalde que se entiende.


Iniciar un gobierno teniendo como enemigo acérrimo al segmento pensante en cuestión no creo que sea lo más recomendable para Moreno Valle si consideramos que artistas, escritores, intelectuales, académicos y agrupaciones culturales, una especie de familia, tendrá seis largos años para reprochar y recalcar ante su público el sometimiento de que fue objeto la cultura –casi los oigo- por un mandatario impositivo, autoritario e insensible al reclamo. La reversa no creo que sea algo nocivo, por el contrario, si acaso es un manjar puesto en charola de plata al nuevo jefe de jefes del poder público y político de Puebla para que lo deguste con un buen champagne.  

 



 
 

 

 
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