Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

10/02/2012

 

Lastiri podría ser relevado después de la selección de candidatos


Si bien el CEN del PRI debe estar preocupado en cómo desamarrar el apretado nudo ciego que le hicieron en el cuello los priistas poblanos, tanto en las candidaturas a senadores como a diputados, es de suponerse que su concentración primordial estará ocupada en encontrar el antídoto para que el partido no muera antes del primero de julio en los brazos de Juan Carlos Lastiri.


La analogía podría resultar fatalista, incluso grosera; sin embargo, se ve, vemos, son muchos los que ven un PRI grave de salud, ojeroso, demacrado y sin ilusiones; se ve un partido con cáncer o con una de esas enfermedades terminales a la que los doctores dan cierto lapso de vida. Dos o tres meses, medio año.


¿Quién tiene la culpa de su enfermedad? ¿Quién será el responsable de su muerte? Sería injusto señalar a alguien en particular. Sería poco serio echarle la culpa a uno de los tantos grupos de “istas” que por ahí pululan. Lo cierto, es que “alguien” tendrá que responder ante el CEN y ante Enrique Peña Nieto por su grave estado de salud y ese “alguien” muy probablemente sea Lastiri.


La cosa es simple, el desgaste y las fracturas grupales y regionales que se deriven de la selección de candidatos darán poco margen de maniobra a su dirigente estatal, le restará calidad moral, carecerá de respeto y dañará por completo su investidura de líder. ¿Puede alguien dirigir un partido –o lo que quede de él- en semejantes condiciones? No lo creo.


Lo que está ocurriendo, su enfermedad pues por no decir la cena de caníbales, dejará al PRI secuelas de habilidad motora y operatividad (véase al PRD). Olvídese de que en esta campaña todos jalen para el mismo lado. No, eso no será lo grave. Lo grave serán los enconos y cuentas por cobrar que queden después de la selección de abanderados; cuentas, que serán cobradas en plena campaña con un dejo de venganza.


Pensar que Lastiri podrá seguir dirigiendo a éste PRI que vemos quitándose la piel a tiras y acuchillándose, se antoja complicado. Cambiarlo será una necesidad del CEN y de Peña Nieto por razones obvias: no podrá curarlo, no porque no pueda y no quiera sino porque los grupos no le darán ese chance.

 

El hilo se rompe por el lado más débil y Lastiri es muy probable que sea relevado después del desbarajuste. No servirá en campaña. No será de utilidad. Él, como muchos otros políticos que florecieron en el sexenio marinista, difícilmente podrá quitarse ese mote, mote que le pesó para desamarrar el nudo ciego que le puso la militancia en el cuello al CEN y a Peña en las internas, y que le seguirá pesando en adelante.

 



 
 

 

 
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