Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

10/09/2012

 

Si el morenovallismo logra meter medio cuerpo al PAN, a la larga lo meterá por completo


En estos momentos resulta insulso para los analistas políticos atinar con precisión quién relevará a Juan Carlos Mondragón en la dirigencia estatal del PAN, si un yunquista, un morenovallista o de plano un diplomático designado por el CEN. Sin embargo, de algo se puede estar seguro: el desenlace no tendrá un final feliz.


Los nombres de Rafael Micalco, Pablo Rodríguez, Ana María Jiménez y el resto de los que puedan surgir esta semana para suplir a Mondragón, siendo rigoristas, resultan intrascendentes, tanto como producto de un análisis como para un vaticinio, si se toma en cuenta que más que una guerra de personalidades se trata de una guerra librada por dos grupos políticos, uno gubernamental y el otro sectario.


¿Quién triunfará? Ése es el meollo del asunto. Aunque quien lo haga, téngalo por seguro que no tendrá el apoyo ni la complicidad del perdedor, y sí su odio. Lo explicamos ya en la entrega anterior. Una decisión salomónica del CEN sería repartir carteras entre yunquistas y morenovallistas, como comienza a divulgarse al interior del partido; decisión que si bien en lo breve soluciona el conflicto, a la larga lo recrudece por la falta de condiciones para una sana convivencia.


Y trataré de explicar por qué. El morenovallismo y el yunquismo son dos fuerzas con polaridades semejantes que si el principio de la física no se equivoca (por naturaleza) se repelen; ninguna de las dos tiene por costumbre ceder, ninguna se somete, ninguna acepta órdenes ni complacencias ni será sumisa en lo futuro.


Simple. El Yunque sabe que si el morenovallismo mete una parte del cuerpo al PAN estatal, a la larga terminará por meterlo por completo y en consecuencia lo desplazará de su morada partidista. De inicio no debe permitirlo. Pero si las circunstancias lo obligan a hacerlo por mandato del CEN, tendrá que defenderse con heroísmo y terquedad. Si cede un ápice ya se jodió, porque el morenovallismo no tiene llenadera.


A estas alturas de la guerra (por fastidioso que para algunos sea) el parte político es favorable al morenovallismo. ¿Por qué? Porque el proceso interno, fuera con la intromisión del Congreso del estado en las tripas del PAN o como sea, se abrió para refrescar la dirigencia estatal y a eso se le llama logro; y también, porque el general yunquista Mondragón cayó en la primera de cambio sin despeinar a los morenovallistas y al primer tiro.

 

A la mayoría nos gustan los finales felices, aunque no falte un enfermo mental que piense lo contrario, pero éste episodio estelarizado por el Yunque vs el morenovallismo no lo tendrá porque sería ingenuo pensar que con la renovación del PAN terminarán sus diferencias, aun repartiéndose el partido. No, este choque será el primero de muchos otros en lo futuro, donde no faltarán además de golpes directos, traiciones y zancadillas.

 

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