Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

11/04/2012

 

El peor error es sentirse perdedor y fracasado


La presunción de un pacto orquestado por el gobernador Rafael Moreno Valle que declara por anticipado a ganadores y perdedores en los 16 distritos electorales y enel senado endilga a los votantes poblanos la leyenda de “estúpidos”colgando del cuello. Y siendo así qué caso tiene que se vaya a votar el primero de julio si lo que se tenía que repartir ya se repartió al más puro estilo presidencialista de los años 60 y 70.


No. No lo creo. Habría que pensar por salud mental que una cosa son los buenos deseos y proyecciones del gobierno en turno y las dirigencias partidarias y, otra totalmente distinta, lo que la gente decida ese día al momento de sufragar. Estudios demoscópicos locales y nacionales consienten que un porcentaje elevado de indecisos definirá el futuro político del país y que ese porcentaje ocultará el sufragio hasta hacerlo efectivo.


Repartir los escaños de las cámaras alta y baja del Congreso de la Unión como si fueran caramelos entre azules y colorados puede ser o no cierto. Si lo es, bueno, felicidades porque la política profesional es planeación, proyección y estrategia; pero si no lo es, los que presuponen el acuerdo de marras, son ingenuos que creen en el demonio, las pócimas y en los conjuros de brujos en pleno tercer milenio.


Estoy completamente seguro que, falso o verdadero, la última palabra la tendrá el elector a la hora de ir a votar y que sólo a él le competerá desamarrar o anudar cualquier tipo de acuerdo existente en la cúpula gubernamental y partidista. Está visto y demostrado en comicios anteriores que cuando la masa humana asume decisiones, de tipo social, civil y penal, carece de control y maniobrabilidad. Nadie la controla porque piensa y actúa, aun habiendo recibido despensas, lana y tinacos.


Insisto planear la distribución de los 16 distritos es un asunto que implica riegos. De confirmarse en lo futuro, el gobierno y los partidos lo saben o deberían saberlo. Y si es cierta, los candidatos anticipados como perdedores (de todos los partidos) cuando menos deben asimilar que tienen un chance si articulan de manera correcta cuatro palancas fundamentales en esta elección: la marca, la inercia de la campaña presidencial, los indecisos y la carga negativa del gobierno en funciones.

 

Lo peor que le podría pasar al gobierno y a los partidos concordantes en la repartición de caramelos es confiarse; y lo peor que les podría ocurrir a los candidatos destinados al fracaso es tragarse la píldora de la derrota (que en lo mediático se les recetó) teniendo el chance de ganar. Y estando sanitos.

 



 
 

 

 
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