Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

12/03/2012

 

¿Cuántos diputados son como Héctor Alonso?


Para entender al diputado del Panal, Héctor Alonso Granados, habría que ser Héctor Alonso Granados (lo que es imposible); de otra forma, no se entendería por qué su desprecio e intolerancia a los periodistas y homosexuales. Digamos que sería el mismo caso de su homólogo federal Gerardo Fernández Noroña, sólo siendo él, se sabría por qué es tan ordinario y con tanta frecuencia dice cosas de tan pésimo gusto y educación.


Las democracias avanzadas, digamos las europeas, utilizan los parlamentos para hacer propuestas y debatir ideas que mejoren de alguna forma la calidad de vida y la convivencia de sus representados. Se entiende que los parlamentaristas son personas cuando menos educadas y cuando más capaces e inteligentes. En México es distinto, fíjese: ¿cuántos diputados son educados, cuántos capaces y cuántos inteligentes?


Sosténgase con firmeza porque en sus conclusiones corre el riesgo de irse de espaldas. Dice el filósofo Fernando Savater que la educación es el instrumento lógico de la transformación de la sociedad y de la democracia. Aja. Pero si en nuestro país los negados a la educación son los diputados, como Héctor Alonso, entre muchos más, ¿cómo demonios podríamos aspirar a la transformación de nuestra sociedad y a dar el gran salto a la auténtica y verdadera democracia? Así no se puede.


Da pena aceptarlo, pero nuestro sistema político poblano y mexicano (en general) está diseñado paradójicamente para frenar el avance democrático del estado y del país. Por eso gentes como Héctor Alonso ocupan curules en el Congreso del Estado, porque si las ocuparan gente educada, inteligente, tolerante, lúcida y capaz, la sociedad a través de sus legisladores exigiría a los gobiernos estatales y federal mayor compromiso ético, de honradez y transparencia.

 

Yo no había pensado que el legislador del Panal Héctor Alonso estuviera loco o desquiciado, pero si su dirigente estatal de partido, Gerardo Islas, aseguró que “no cree que esté mal de sus facultades mentales”, entonces, habría que dudarlo, porque una cosa es estar seguro que no está demente y otra, muy distinta, creer que lo pudiera estar. Añadió Islas que con su conducta “no le hace daño a la sociedad”. Yo pienso que sí, frenar la democracia y no ser garante de la educación, por locura o intolerancia,¿no es dañar a la sociedad…?

 



 
 

 

 
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