Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

12/09/2011

 

Ebrard vs López Obrador en Puebla; el primero juega de local


La ofensiva política-legal desplegada contra José Juan Espinosa, venga de La reina del nepotismo (Dolores Parra), de Guillermo Aréchiga o de Fernando Manzanilla, se la cargarán por entero a Rafael Moreno Valle y a su secretario general de gobierno, sean o no responsables. ¿Por qué? Porque tanto la vida política como la aplicación de la justicia en este estado pasan irremediablemente por sus oficinas.


Justificar que el gobierno no interfiere en la impartición de la justicia ni en las decisiones del Legislativo me parece que no será suficiente. No, porque muchos saben que el resto de los poderes del estado están sometidos –igual que en otras entidades- al Ejecutivo y lo que el Ejecutivo les instruye eso hacen, incluso la petición misma de sus jubilaciones. ¿O me equivoco?


Si la intención de desaforar a José Juan va en serio, veo riesgos muy graves que bien vale la pena presupuestar. Por ejemplo, que el caso Puebla se equipare a un cartucho vivo de autoritarismo e intromisión de poderes con la fuerza expansiva y destructiva, suficiente, si los opositores de este gobierno lo detonan dentro de la agenda electoral de 2012.


En ese paquete de riesgos, tendría que incluirse irremediablemente abolladuras y cuarteaduras en los propósitos presidenciales y senatoriales tanto de Moreno Valle como de Manzanilla, y por supuesto a su prestigio, si la izquierda de Andrés Manuel López Obrador enarbola y conduce el desafuero de José Juan Espinosa como lo hizo con El Encino en 2003, cuando Vicente Fox pasó de héroe a villano y El Peje de victimario a víctima. Experiencia la tiene. Qué no.


La primer sospecha de que el asunto puede trascender, tuvo lugar en la sesión del Senado de la República del viernes pasado, cuando Ricardo Monreal propuso conformar una comisión de la verdad que investigue los crímenes hacia niños dentro de la Guerra contra el Narcotráfico y también los abusos de gobernadores como el de Puebla, al que calificó de sátrapa, por atentar contra sindicatos y ciudadanos.


Habría que considerar que lo de Monreal bien pudo ser solo un amago o advertencia, más que del propio senador petista, de su jefe Andrés Manuel López Obrador para que cese el acoso a su operador poblano: José Juan Espinosa, so pena de iniciar un juego de vencidas que ponga en la mesa de apuestas la honra y reputación del mandatario poblano y su secretario de gobierno.


Tal vez me equivoque, pero lo que pasa en Puebla encaja perfectamente con la guerra desatada entre Marcelo Ebrard y López Obrador por la candidatura presidencial, la misma que ya cobró el cese fulminante de Martí Batres en la Sedesol del Distrito Federal y que pudiera tener alguna relación con el desafuero de José Juan.

 

Para entender mejor lo que ocurre entre los dos presidenciables, habría que ponderar que tanto Batres como José Juan son operadores políticos del Peje en dos entidades distintas e importantes. ¿Y qué tiene qué ver todo esto con Puebla? Bueno, que entre los hombres del primer círculo de Ebrard –por su dependencia a Elba Esther Gordillo- se cuentan los gobernadores de Sinaloa, Guerrero, Oaxaca… y el de Puebla. ¿Verdad que el asunto si tiene forma cuando de luchas intestinas y desarticulaciones se trata? Ebrard vs El Peje, solo que en cancha poblana; el primero, juega de local.

 



 
 

 

 
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