Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

13/06/2011

 

Es mejor ser amado que ser odiado


Vivimos en un estado de poderes contrastantes. Puebla tiene un Ejecutivo fuerte, pero un Legislativo y un Judicial débil. ¿Dónde está el equilibrio de poderes? No lo hay. Eso obliga, sin incurrir en dramatismos, a corregir de inmediato la percepción democrática, de transformación y cambio ofertada en campaña antes de que el totalitarismo de Hitler y Stalin nos trague de un bocado.


Rafael Moreno Valle es un gobernador de doble percepción. Bipolar pues. Por un lado, proyecta a la sociedad una imagen de administrador capaz y visionario, cumplidor y afectuoso, sensible y educado. Pero en la clase política, académica e incluso empresarial, su sentir se invierte y, la percepción, lo coloca en el bando de lo impositivo, prepotente y, hasta, arbitrario. Un hombre sin escrúpulos ni limites que logra lo que quiere a cualquier precio.


A fuerza de ser honesto no sé si sea lo uno o lo otro, no soy de los que meten la mano al fuego por un político, sin embargo, la actitud manifiesta de la sociedad para relevar a un partido por otro en el gobierno, como ocurrió en 2010, debe entenderse como una necesidad de cambio; algo pues, que distinga al malo del bueno. El malo, como sujeto del pasado; y el bueno, como experiencia del presente y futuro.


La mejor imagen de venta, los marketinianos lo saben, es aquella que genera un producto a partir de sus atributos. En esa misma intención de venta, diremos que el posicionamiento más certero, y los marketinianos también lo entienden, es el que sostiene al producto a través de las experiencias que genera. ¿Qué quiero decir con esto? Que lo negativo, por lo general, tiende a dominar lo positivo –como lo negro  a lo blanco, como lo fétido a la fragancia- y si la apuesta de posicionamiento de Moreno Valle en su calidad de producto solo contempla el mercado social corre el riesgo de ser derrumbado por las experiencias negativas de la política.


Sigamos con la premisa. Un poder Ejecutivo fuerte, un Legislativo fuerte y un Judicial fuerte cumplirían a cabalidad las expectativas generadas por un gobernador de tendencia demócrata a grado tal de convertirlo en héroe. Sin en cambio, un Ejecutivo fuerte y los otros dos débiles, dejan las cosas como estaban en los regímenes priistas impositivos y antidemocráticos.


Decía Napoleón que él admiraba a Alejandro Magno no por su capacidad de estratega, sino por haber sido un héroe, un líder amado no solo por la plebe, también por la milicia, los intelectuales y aristócratas de sus tiempos. Es allí pues, donde me parece que estriba la clave para que Moreno Valle sea impulsado para la presidencia de la república como él lo quiere, como producto de venta. Y qué mejor que lo hiciera valiéndose del respaldo emotivo y sincero de los sectores sociales, empresariales, políticos, académicos e intelectuales del estado de Puebla.


La teoría propuesta por Maquiavelo: Es mejor ser temido que ser amado, embonó de manera perfecta en tiempos de Cesar Borgia por los desordenes, crímenes y saqueos que atormentaban a la Romaña de aquella época; la mano dura y cruel de Borgia fue la receta correcta para propiciar orden y paz social. Hoy, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Ernesto Cordero deben pensar de otra manera, pues tienen la necesidad de ser amados, a propósito de la percepción, para ganar la presidencia con el voto de las mayorías.


La percepción de un Moreno Valle con poderes ilimitados, la divulgación de un hombre que funde las instituciones de estado con los institutos políticos, que dobla los partidos y a sus organizaciones civiles, digamos al Yunque, que somete a su antojo al Legislativo, al Judicial y al que se le pare enfrente; eso, señores, sumado al rumor persistente de ser un hombre autoritario, caprichoso y arbitrario, tarde que temprano cobrará tributo, pues a través de la difusión boca a boca –demostradamente efectiva- la gente sabrá tarde o temprano que aún con su imagen impecable, el producto tiene defectos interiores.

 

El marketing de nueva generación, el del siglo XXI, exige dos elementos esenciales para fines de imagen y posicionamiento: Ser creativos, pero también críticos, porque a diferencia de lo que se pensaba antes, la verdadera estrella dejó de ser el producto y su empaque para ser sustituido por el consumidor y, Peña Nieto, Obrador y Codero, deben tenerlo bien entendido. Una crítica propositiva sobre un producto de venta, siempre será mejor que mil halagos decía, el padre de la publicidad y el marketing, Otto Kleppner.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas