Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

14/03/2011

 

¡Uf, espérenos, señor gobernador!


La decisión gubernamental de tomar por asalto Valle Fantástico proyecta una verdad, de a kilo, hasta hoy no analizada por los críticos: Los hombres del gabinete y de la política le están quedando chicos a Rafael Moreno Valle, no solo en la parte jurídica que compete a Juan Pablo Piña Kurczyn, sin duda el más expuesto en cuanto a ineficiencias se refiere, sino en general en el resto de las dependencias.


¿Qué quiere decir esto? Que hasta donde se ha visto, el gobernador se encuentra varios cuerpos adelante de sus funcionarios de primer nivel cuando debería ser lo contrario, es decir, que tendrían que ser los expertos en las diferentes materias y áreas de la función pública: legal, económica, política, laboral, mediática, seguridad, etc., los que marcaran las rúas por donde debería deslizarse el Ejecutivo y no viceversa.


La ocupación de Valle Fantástico mediante una orden judicial liberada de manera meteórica por el Juez Segundo de lo Civil y lo familiar de San Pedro Cholula da cuenta del fallo en el sistema operativo del mandatario, y de paso en el judicial, no porque haya sido un recurso legal acuciosamente pensado y trazado sino, más bien, porque se vio como una acción de ira y de desesperanza.


Pensar que “alguien”, un litigante de a de veras, pudo decirle a Rafael Moreno Valle en una plática informal “cómo hacerle” para arrebatarle físicamente a Ricardo Henaine las 18 hectáreas que adquirió a través de la donación onerosa en el sexenio de Melquiades Morales, sin la necesidad de sufrir tortuosos años de espera, no sería descabellado, sería por el contrario simplemente echar a volar la capacidad imaginativa, esa que nos distingue como mexicanos.


¿Por qué dar cabida a que fue una acción del hígado y no una idea bien planeada? Porque si hubiese sido sesudamente trazada no hubiese sido necesario presionar a Henaine desde ninguna zona del escenario público, digamos, ni desde el deportivo vía La franja ni desde el aeropuerto de Huejotzingo ni desde su periódico El Heraldo ni desde el noticiero estelar de Televisa. Y la más obvia de todas, ni desde el desgaste y la ridiculez a que fue sometido el gobernador y su asesor jurídico Piña Kurczyn por los desplantes irónicos de Xavier Oléa, abogado de Henaine, en sendas ruedas de prensa nacional y local.
Otro caso que ejemplifica el rezago de sus funcionarios en las tareas que les corresponden fue el de Ardelio Vargas, con su cómico operativo en el núcleo comercial de La 46, donde todos sabemos se vende desde un tornillo hasta un motor bien o mal habidos, no drogas ni armas que justificaran la intromisión del ejército y la Policía Federal, pero que los titulares en turno de la seguridad pública estatal y municipal por costumbre ya agarraron de su puerquito para demostrar más que a la gente, a su jefe de gabinete, como que están trabajando, como que están devengando el sueldo e inventando el hilo negro para combatir la delincuencia.


Lo mismo se aprecia en el Congreso del Estado, donde el rebase del Ejecutivo respecto a los legisladores, salvo la excepción del convergente José Juan Espinosa, es más que obvia, y allí está la discusión, presentación y aprobación de todas sus iniciativas, por si hubiese dudas, incluyendo la Agenda Legislativa que muy probablemente por órdenes suyas fue retrasada para anexarle no la creatividad ni las ideas de los diputados sino sus olvidos.


Decía Jenofonte que como son los jefes, así, por regla general son los hombres bajo sus órdenes. Sin embargo ninguno de los miembros del gabinete –sea acucioso- se acerca siquiera un poquito a como es Moreno Valle, quizá por eso, se encuentren tan rezagados. Meterse en las ideas del mandatario para evaluar y concluir que todos, salvo Fernando Manzanilla, son una bola de ineptos no sería nada fantasioso, tan solo un pensamiento cercano al sitio donde ubica a su gabinete.


¿Es prudente que Moreno Valle disminuya la velocidad para que sus hombres del gabinete y de la política lo alcancen? No lo creo, son ellos los que deben acelerar el paso para no quedarse rezagados.

 



 
 

 

 
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