Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

14/11/2011

 

La victoria de David Villanueva fue inobjetable, la de Pacquiao vs Márquez, un robo


En la pelea Pacquiao-Márquez el robo al mexicano fue grosero, pero en el caso de David Villanueva no debería tildarse de imposición su nombramiento en el OFS porque no reúne ni las características ni las condiciones. Lo que vimos con el pugilista Juan Manuel Márquez fue el tránsito de la desvergüenza a la ridiculez; pero lo que vimos con David Villanueva fue una competencia holgada a su favor.


Comparar el boxeo con la política podría resultar ridículo. Sin embargo tienen mucho en común; veamos, el boxeo tiene estrategia lo mismo que la política; la política posee técnica igual que el boxeo; el boxeo tiene agilidad de movimiento, la política también; y en resumidas cuentas tanto en la política como en el boxeo se trata de conectar golpes certeros y contundentes.


No mencionaré los nombres de los que compitieron con Villanueva por el puesto de auditor general, por respeto a ellos, pero ninguno tuvo ni la técnica ni la agilidad ni la percha ni tampoco pudo opacarlo ante la opinión pública; David se vio de principio a fin muy superior a todos.


Hablaríamos de una imposición si los diputados hubieran elegido a otro menos al puntero, lo que no ocurrió; o que la designación hubiese surgido de una votación apretada, polémica y mayoritaria, lo que tampoco se dio. Y es aquí donde surge la confusión, no es lo mismo imposición que consenso, y lo que ocurrió el viernes pasado en el Congreso fue el desenlace del consenso. Treinta y ocho votos a favor de Villanueva y solo una abstención lo demuestran con peras y manzanas.


La valoración de David Villanueva fue certera de parte de los legisladores; analizaron las opciones disponibles para el cargo, revisaron sus códigos experimentales y se fueron por el mejor. Con Juan Manuel Márquez y Manny Pacquiao fue distinto; los millones de televidentes que presenciamos la función de box en el mundo entero –borrachos y sobrios-, vimos que la opción inobjetable de triunfo fue el mexicano, y tres jueces pelagatos (supongamos que son diputados locales) favorecieron al filipino. Impusieron su victoria.


Juguemos con las palabras. En el supuesto que Rafael Moreno Valle hubiera decidido la suerte de Villanueva, mal habría hecho que no lo hiciera pudiéndolo hacer. Me explico. Estúpido no es, como tampoco lo fueron en su momento Melquiades Morales y Mario Marín para hacer lo mismo con sus auditores generales. Si fue así, debe reconocerse que tejió con hilo grueso, pero con gancho fino aunque caiga gordo nuestro gobernador y pensemos que es autoritario y ojete. Ojalá y así tejiera todos sus tiliches.


Hasta donde conozco a David Villanueva, además de capaz, sencillo y acucioso en su quehacer público, es una extraordinaria persona, si el cargo y el tiempo destrozan su reputación por mal desempeño, bueno, que sea cosa del futuro. Démosle la confianza y el beneficio de la duda.

 



 
 

 

 
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