Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

15/02/2012

 

Y colorín colorado, el jolgorio ha terminado


Si lo que se dice es cierto, a propósito de la fórmula del PRI, en el sentido de que Blanca Alcalá y Juan Carlos Lastiri serán los candidatos a senadores, el jolgorio en que habían convertido los priistas su proceso interno terminaría con saldo blanco; claro, en la medida que Fernando Morales, Alejandro Armenta y Javier López Zavala acepten la componenda.


A finales de la semana pasada aquí se dijo de la necesidad de relevar a Lastiri por toda la carga de energía negativa que había generado la selección de candidatos. El mismo Lastiri lo rechazó en rueda de prensa y con él algunas de sus plumas, sin embargo, la lógica aristotélica se impuso con el precepto aquel de que la esencia define al ser.


El liderazgo de Lastiri define dos cosas de manera sustancial si se analiza el pensamiento del filósofo griego: su marinismo y su desmadrismo. Con Lastiri el PRI se convirtió en un verdadero desmadre y en eso mismo acabaría la campaña venidera si lo sostuvieran; también, simboliza pese a su desmarque, un rescoldo del marinismo acochambrado en la cima del partido local que postulará a Enrique Peña Nieto, que en nada ayuda a la suma de votos.


El político, decía Octavio Paz, es un sujeto proclive a la negociación. Político es aquel que teniendo canicas siempre está dispuesto a multiplicarlas, coincide Robert Greene. Si el asunto termina tal cual, nomás era cosa de que Blanca, Zavala, Fernando, Lastiri y Armenta escucharan música para sus oídos y no graznidos. Y colorín colorado, el jolgorio ha terminado.


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Sólo para perversos


El lunes pasado puse a consideración de los lectores una trivia que motivaba a descubrir quién era el diputado local del PAN y aspirante en ciernes a legislador federal que se había agandallado a la brava y por sus gónadas todos los espectaculares privados y públicos de su distrito para divulgar su primer informe de actividades parlamentarias y, la verdad, la audiencia superó cualquier expectativa ya fuera telefónica o a través de las redes.


Tres fueron los más firmes candidatos a recibir el Oscar del Gandalla del Año: Julio Lorenzini Rangel, Antonio Vázquez Hernández e Inés Saturnino López Ponce. En los tres casos se denunciaron excesos de poder y arbitrariedades cometidas, sin recato, en sus respectivos distritos; aunque quizá, fueron Lorenzini y Vázquez los que como dijeran en el beisbol, se volaron la barda.


De Lorenzini ya se vio en las redes sociales lo cacharon ocultando tres trailers de despensas del gobierno federal en una bodega de su tío para percutirlas, seguramente, cuando sea candidato a diputado por el distrito de Cholula. Lo agarraron como se dice en la jerga popular, igual que al Tigre de Santa Julia, con los calzones en la mano.


Antonio Vázquez fue acusado por los cibernautas de aterrar en su distrito, Teziutlán, a periodistas, presidentes municipales y de comerciar con el vello púbico. ¿Cierto o falso? No lo sé, pero de eso lo señalaron. En tanto que de Inés Saturnino, mi paisano por cierto, finísima persona también, sostuvieron que además de gandalla y bravucón, obliga a los ediles de su comarca a que se mochen con la obra pública. Si fuera así, francamente sería una gran desilusión para nosotros los de Tecamachalco que tenemos depositado en él nuestra esperanza como Oaxaca lo hizo en Benito Juárez.


Tres pistas más del gandalla y abusivo:


*Con que fuera gentil sería suficiente.


*Si pidiera el favor se le concedería, Dios recomienda ayudar al jodido.

 

*Podrá ganar el pleito legal, pero el mediático lo dudo.

 



 
 

 

 
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