Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

13/04/2011

 

¿Quién ganó? ¿El PRI, el PAN o ninguno?


En Macondo como en Puebla, murieron tres mil personas y perdió el PRI, y no pasa nada. Todo sigue igual. Si acaso los flacos y débiles sobrevivientes de medios impresos y electrónicos clamando: ¡Perdón!, llorando como la cigarra por los rincones convenios publicitarios que no regresarán. Si acaso un atajo de institutos deseosos de saber quién es su real y auténtico jefe político, véase lo mismo al PRI que al PAN, PRD, PT y Verde Ecologista, mirándose unos y otros con cara de what. Si acaso un presidente municipal con más dudas que certeza por comprender si él –en efecto- gobernará la capital o lo harán a control  remoto desde un sitio cercano teniéndolo solo de finta.


Fuera de esas difusas variantes, todo sigue igual. ¿O no?


El comportamiento del PRI es el mismo: sumiso, genuflexo, agachón, desvergonzado. El del PAN no cambia: receloso, desconfiado, mochilón, hipócrita. Los perredistas comiéndose unos y otros en un cazo, para no variar, con un hueso en la mollera y la cara pintarrajeada de amarillo. Y el Verde lo mismo que el Panal, como el tecito, ni para bien ni para mal, ahí nomás respirando. Si hubo cambio, alternancia pues, no se ve. Se fueron unos, llegaron otros a ocupar los puestos y tan tan.


La praxis de la política se quedó estática. No hubo variantes, el tiempo pareciera que se detuvo. Los priistas a más de un año ya pelean por las candidaturas a senadores y diputados, como hicieron desde que eran gobierno estatal, hete ahí a Miguel Quirós Corte pidiendo como requisito algo complicado por no decir imposible: caras y manos limpias, y a Víctor Hugo Islas queriendo sacar de la jugada a los marinistas arguyendo su poca solvencia moral, ¿él la tiene? La rebatinga ya empezó o, más bien, nunca terminó.


Los panistas, no son diferentes, no cambian, pareciera que no ganaron, ya Juan Carlos Mondragón, su líder, les bajó la bandera a cuadros para que corrieran por las diputaciones federales y las senadurías y es la hora en que uno de ellos siquiera ha iniciado movimientos de calistenia. Y no se crea que por flojos o confiados, los panistas, salvo sus contadas excepciones –Paco Fraile, Ana Tere y El tigre- son así, por costumbre hacen proselitismo al cuarto para las doce, son de última hora. De última hora ganan o pierden. Primero la misa, luego la elección.


Puebla es un estado donde el tiempo no existe como en Macondo de García Márquez o La Comala de Rulfo: ¿Los panistas todavía no creen que ganaron la gubernatura? ¿Y los priistas no se la tragan que perdieron? Pareciera una comedia sátira donde los dos partidos saben perfectamente lo qué tienen y lo qué son.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas