Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

15/08/2011

 

Viaducto Zaragoza, un cándalo con sabor a recuerdo


Pudiera parecer un asunto de gran visión, pero no lo es, económico tampoco, político no lo creo, de transformación tengo mis dudas, ¡señores!, el Viaducto Ignacio Zaragoza es un asunto no de historia ni de declaraciones patrimoniales sino de cojones y miradas al futuro. Así de llano y simple: ¡De cojones y futuro! Ahí se quiso poner y ahí se pondrá. Podemos estar o no de acuerdo en sus defectos, sin embargo, la decisión de Rafael Moreno Valle está resuelta.


No lo podría asegurar, por lo malicioso que resulta, pero el gobernador debe ser dichoso por el jolgorio que se ha desatado en torno a la obra. Eso garantiza Evocación, y lo sabe, y también Recuerdo colectivo. Ser recordado, es una de las máximas aspiraciones de todo político y gobernante, y si es para bien cuánto mejor.


Luis Paredes, por comparar, aunque las comparaciones resulten odiosas, hizo del paso a desnivel Juárez-Serdán un escándalo que le garantizó dos cosas: primero, asegurarse de que nadie olvidara que fue alcalde de Puebla; y segundo, manipular la memoria histórica de los poblanos con la destrucción de la Fuente –original- de los Frailes para así reiterar que él construyó esa obra.


¿Loco? No lo creo. Sí, precavido. El Distribuidor Vial 475 fue sembrado en la administración de Enrique Doger Guerrero para que los autos saltaran por una estrecha veredita del Circuito Juan Pablo II a Angelópolis. Enrique se encargó de que la tertulia se pusiera buena con toritos y fuegos artificiales. Hoy, los poblanos recuerdan que la obra es suya, de nadie más. Y lo mejor, funcional.


De Mario Marín podrían recordarse sus magnas obras viales de Puebla capital y del interior del estado, que fueron muchas, más lo primero que viene al recuerdo tratándose de él, es su apodo de: El precioso, y aquella granuja conversación que sostuvo con Kamel Nacif difundida en los cinco continentes, que le merece fama pública lo mismo en Timbuktu que en Nueva York.


Suponer que Moreno Valle quiso construir el Viaducto Ignacio Zaragoza en la zona más emblemática de Puebla, justo en los suelos donde cientos de Franceses y mexicanos perdieron la vida en la famosa Batalla del 5 de Mayo de 1862, para entronizar su recuerdo, no debería tomarse tan a la ligera; no, si se recurre al antecedente de que él y el presidente Felipe Calderón en mayo pasado elevaron a rango constitucional los Festejos del 150 Aniversario para que Las armas nacionales ya con Viaducto y toda la cosa se siguieran cubriendo de gloria en el futuro.


Freud, Nietzsche y Marx, Maestros de la sospecha, podrían pasarse horas afinando la discusión y puntería, a propósito del polémico Viaducto Zaragoza, sin embargo, muy probablemente concluirían que para igualar el recuerdo de éste gobernador, los próximos tendrían las alternativas de: La Catedral, La casa de los Hermanos Serdán y La pirámide de Cholula. Bueno, y los chiles en nogada.

 



 
 

 

 
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