Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

16/03/2011

 

¡Si no revisaron 31 días, qué esperanza seis años!


Mario Marín debe estar muriéndose de risa por lo ocurrido ayer en el Congreso del Estado. Y no es para menos, se trata pues de una broma de muy mal gusto que solo a los legisladores panistas, petistas, perredistas y panalistas se les pudo haber ocurrido, y miren que votar a favor de la pulcritud y honradez con que el exgobernador priista dilapidó el dinero público son asuntos mayores.


Y luego son ellos, los políticos, los que se preguntan: ¿Por qué la gente tiene tan mala reputación de quienes ejercitan la política? Pues es por eso precisamente, porque los políticos de ahora no son ni la sombra de los políticos de antes; los de antes, eran auténticos ideólogos, y los de ahora no tienen ni idea de lo qué es ser político, se limitan tristemente a tapar, apoyados en un libreto, todo lo que huele mal.


Si los electores que votaron por el cambio y la alternancia hubiesen sabido que los diputados locales de Compromiso por Puebla ni siquiera se iban a tomar la molestia de revisar las presuntas corruptelas de Mario Marín estoy casi seguro que no hubiesen votado por ellos. Y es que se trataba de corregir lo que estaba mal, lo que ofendía a las mayorías, no de levantar, entre aplausos, discursos villamelones y dedos genuflexos, monumentos en honor a la maldad.


Los legisladores locales no pueden ni deben seguir comportándose como una runfla de patanes velando únicamente por los intereses individuales y de unos cuantos, si el elector confió en ellos su voto en las urnas fue para que lo representara dignamente ante el Congreso Local y para que a través de ellos su voz y reclamo a las gandallerías cometidas fuesen escuchadas.


Justificar que aunque aprobaron la última cuenta pública de Marín, tal cual lo dijo el panista Jesús Zaldivar, están obligados a reabrir las anteriores cuentas del exmandatario suena a vacilada, porque entonces uno se la revira fácilmente: ¡Si no fueron capaces de revisar a detalle una cuenta de 31 días, qué esperanza que revisen los seis años anteriores!


Marín no tiene la culpa de que los panistas, perredistas, petistas y panalistas hayan depositado su voto de confianza en su honradez, él allá en sus pensamientos tenebrosos debe estar satisfecho de que le hayan cumplido los acuerdos. Y cuánto mejor que se lo hayan cumplido sus odiados enemigos.  


Con todo el respeto que me merecen los señores diputados que le aprobaron la última cuenta pública a Mario Marín, el arreglo fue tan obvio que hasta un ciego pudo verlo y un ciego escucharlo. Que nadie se asombre, así es la política de hoy, la misma que por lo que se aprecia no cambiará mañana.

 

Bien por José Juan Espinosa, bien por Julio Lorenzini y bien por Zeferino Martínez por obedecer a sus convicciones y a su congruencia. Y así como en algunas ocasiones se les critica, así también hoy se les aplaude. Mal por los que donaron su ladrillo para levantar el monumento a la maldad. ¿Qué pensarán las masas pensantes de sus diputados en sus respectivos distritos, digamos en Tecamachalco… nomás por decir?

 



 
 

 

 
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