Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

16/05/2012

 

¿Cuántos estarán pensando en la trampa y el chanchullo?


La única salida que tienen Javier Lozano Alarcón y Néstor Gordillo es angosta, peligrosa y con aristas. Saben, o deberían saberlo, que si quieren ganar no les será suficiente con lo hecho hasta ahora. Y es sencillo comprenderlo, la maquinaria gubernamental y su gasto ominoso y excesivo, difícilmente les dará más de lo que ya les dio en la preferencia del votante.


Lo suyo no es exclusivo, en las mismas se encuentran aquellos cuyo destino estaba trazado para triunfar pero que son arrastrados por el violento tsunami del PAN al que la gente ansía cobrarle gasolinazos, inseguridad, muerte y desempleo, y por la carga negativa de una candidata a la presidencia que en lugar de ir para adelante va para atrás como los cangrejos.


¿Qué sigue ahora? No nos hagamos tontos. Deduzca y atine. Están pensando en el último recurso. Y cuando un candidato piensa en eso, piensa en la trampa y la chapucería, el fraude y el chanchullo. ¿Sí o no? ¿Vamos bien o me regreso? La trampa es un recurso, dice Maquiavelo, y en lo mismo coincide Nietzsche, Kan y Freud.


Nadie debería asustarse ni asombrarse ni espantarse como sucede con los legendarios petates del muerto. No, porque si bien los políticos son partidistas, curiosamente también son apartidistas del Fair Play. ¿O usted conoce alguno que juegue limpio? Con toda franqueza yo no. Y si uno de ellos (o varios) trae consigo la maquinaria gubernamental y el dinero peor la cosa. Su desesperación lo orilla a todo. A todo.


Con tantos puntos de desventaja y con el auto en reversa, es de suponerse que ninguno de ellos ni Lozano Alarcón ni Néstor Gordillo ni el resto de candidatos ungidos para triunfar deben estar pensando en darle la vuelta al marcador. Nomás imagine, ¿cómo podrían dársela si con todo lo gastado, lo bailado y lo chofereado de los programas sociales no repuntan?


En el béisbol le llaman robo de señal y sucede cuando un equipo se anticipa a lo que va a hacer el otro por haber descifrado sus movimientos corporales y gestos de la cara. En este caso ocurre lo mismo, Blanca Alcalá, Pablo Fernández del Campo y muchos de los candidatos a diputados priistas anticipan lo que están pensando sus adversarios políticos. Y es simple, entre gitanos no se leen la mano, cualquiera en su lugar lo haría. ¿Cómo contrarrestar la trampa del oponente? No es fácil.

 



 
 

 

 
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