Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

16/07/2012

 

La candidatura de Manzanilla depende de Agüera


Uno de los personajes de la jungla local que todavía no es considerado para la presidencia municipal de Puebla, pero que inevitablemente se le debe pasar lista por tradición política o costumbre, es el rector Enrique Agüera Ibáñez. Le guste o no, es un personaje más que considerado, involucrado en temas de relevos electorales y en enroques de sucesión.


Cierto que en otras ocasiones se le ha manoseado para puestos de gran calado y todo ha dado al trasto; la más reciente su frustrada nominación a la Cámara Alta que incluso fue factor para que la fraguada alianza del PRI con el Panal se hiciera añicos. Sin embargo, esta vez es distinto, como suele serlo cada coyuntura política del pasado, presente y futuro.


Atando cabos locales y nacionales, Agüera es una propuesta política de ganancias compartidas para Enrique Peña Nieto y para Rafael Moreno Valle. Fernando Manzanilla en cambio no lo es; con Manzanilla únicamente gana el gobernador poblano y pierden los demás, incluyendo al futuro Presidente de la República, y qué decir del Yunque, el PRI, PRD y el PAN en su conjunto.


Hoy que las aguas comienzan a agitarse en torno a la necesidad de una alianza ganadora que arrope al secretario general de Gobierno en las elecciones locales de 2013, es el momento justo de enrolar al rector de la BUAP como lo que es: piedra angular de la política poblana. ¿Por qué? Afirmativo. Es otra de las cartas de Moreno Valle, incluso me atrevo a pensar que la primera, y Manzanilla la segunda.


Considerar la posibilidad de que la candidatura de Manzanilla dependa de la nominación de Agüera es viable. Y el morenovallismo tendría que comprenderlo así. Si Peña Nieto quisiera al rector de presidente municipal de Puebla, anidado en las siglas del PRI, el mandatario tendrá que reservar a Manzanilla para la minigubernatura. No tiene necesidad de jugar vencidas con el Ejecutivo electo. No es tonto.


La amistad de Agüera con Peña Nieto está fuera de duda. Son amigos y cómplices. Sus encuentros privados en Puebla fueron sonados las veces que el mexiquense vino a esta campiña como precandidato y luego como abanderado. Fue Peña quien lo consoló a la caída de la candidatura al Senado de la República y sólo ellos saben de promesas de consolación futuras.

 

Querer o no querer ser sucesor de Eduardo Rivera no está a juicio de Agüera. Si Peña Nieto lo quiere ahí tendrá que aceptarlo. A la fecha se ha mencionado a Manzanilla como si fuera el gran elegido y, a decir verdad, tiene tintes de ser una consideración errónea. En dado caso, el primero sería el rector de la BUAP, en una escala de ganancias compartidas gobierno federal-gobierno estatal; el segundo, Enrique Doger Guerrero, por estar en una situación más o menos parecida; y el tercero, el secretario general de Gobierno, aunque las cosas hoy por hoy se vean de otro modo. No todo lo que parece es. La confirmación es cuestión de tiempo.

 

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