Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

16/11/2011

 

Defendiendo el fuerte y echando tiros


Como el Tío Lolo, voltearon para otro lado, pusieron sonrisa de Guasón, saludaron al viento e hicieron como que no oyeron La Doctrina Monroe del líder estatal del PRI, Juan Carlos Lastiri: ¡Senado para el priismo! Tómenla, ¿para quién fue el tiro o para quiénes? En política una cosa es la retórica y otra los chingadazos, y esto no fue retórica.


Hasta donde se sabe, son el rector de la BUAP, Enrique Agüera, Guillermo Aréchiga y Juan Carlos Natale quienes desde fuera del priismo se han internado en la selva electoral de 2012 añorando cristalizar su sueño senatorial a través de una bendita alianza; dos colgados como Tarzán, con taparrabo y su Chita, de la liana del Panal y uno del Partido Verde.


Pensar que a Lastiri se le fue el tiro por descuido o por tonto sería demasiado ingenuo. En lo personal, creo que el fogonazo lo tiró al bulto valiéndole gorro a quien le pegara de los tres que le menciono. Y trataré de explicarlo.


Desde el infortunio priista del año pasado, a Agüera se le ha visto más cerca del gobernador y del PAN que del PRI y sus anteriores aliados. El suyo fue un rompimiento categórico sin argumento que mediara; un día huyó así nomás de la alcoba y no volvió jamás a la intimidad del concubinato. Y los priistas están enojados.


Avancemos otro poco, si bien con su copete a la Peña Nieto, Juan Carlos Natale no solo merece ser senador sino hasta Presidente de la República, la verdad es que su partido en Puebla —solito— no ronda más allá del 2 por ciento de la votación estatal; un porcentaje respetable y muy digno sí, pero que solo podría alcanzarle para una candidatura a diputado y la mesa directiva de alguna escuela en la Sierra Norte, hábitat natural de ese partido. Su morralla es poca, le falta solvencia.


Y con estridencia (con qué otro criterio) centremos nuestra atención en Guillermo Aréchiga ¡Compréndase a Lastiri y al PRI! Sería odioso y ofensivo que habiendo echado al marinismo del gobierno en complicidad con el PAN, PRD y Convergencia, todavía —esos mismos marinistas perjudicados— tengan que trabajar por él para que sea senador como si en el chupe no hubiese pasado nada. Pos no.


Lastiri hace lo suyo al defender con fusil en manos la fórmula priista al Senado de la República del apetito feroz de Agüera, Aréchiga y Natale; dijéramos que su partido no tiene con qué hacerle frente a las federales del año entrante y que su circunstancia es desoladora, pero en verdad que la caballada está gorda y tiene categoría, allí está Doger, Blanca, Fernando y Zavala; el PRI va a la cabeza en las preferencias y, por qué no soñar, en una de esas hasta él se cuela viniendo de atrás. Porque así como lo ven, es calvo pero no tonto.

 

¿Quién es el animal?

 

La imagen en Twitter de un venado muerto y un cazador vivo son ejemplo de depredador y presa. Fiel a su conducta destructiva, el depredador en este caso (como suele ser el hombre) es ventajoso porque en la mano tiene un rifle y en el bolsillo su charola con fuero de diputado. El venado está en desventaja: carece de rifle, de fuero y de garras. En la triste historia gráfica, Enrique Nácer Hernández es el diputado (del PAN) y el venado es el animal, pero si en términos antropológicos animal es aquel que no razona, ¿quién fue el que no razonó si el que tiene el arma es el diputado y el muerto fue el venado? Moraleja: No es asunto de legalidad sino de consciencia por la vida.

 



 
 

 

 
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