Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

16/12/2011

 

Una desgracia como la de Guerrero, y adiós Presidencia


La semana que concluye deja a los gobiernos estatales y federal una enseñanza valiosa. Por ejemplo, el gobierno morenovallista deberá ponderar (si no es que ya lo hizo) si el manual operativo y represivo de Ardelio Vargas es lo adecuado para nuestra sociedad o si debe dar un viraje en su rudo esquema policiaco para no repetir a futuro el calvario de Ángel Aguirre con la tragedia de los normalistas de Ayotzinapa.


Se trata pues de una enseñanza que por ser amarga irónicamente enseña mejor lo que no debe hacerse. He ahí el aforismo aquel de tapar el pozo después del niño ahogado. Cuántos gobiernos estatales, incluyendo el de la república, habrán sentado ya en el banquillo de los precavidos a sus secretarios de seguridad para ordenarles no disparar a ningún manifestante. Yo creo que todos. Si madrearlos pero no matarlos.


Ardelio, hay que decirlo, ha abusado de la fuerza policiaca reiteradas veces en Puebla capital y en la sierra norte, incluso lo grabaron mandando a golpear periodistas y campesinos, pero ni remotamente ha incidido en algo parecido a lo de Ayotzinapa. Ni queremos que eso ocurra y por eso la precaución de macerar su rudeza en el caldo de la salud.


Comparar la brutalidad policiaca de Guerrero con la de Puebla podría contrastar para unos, sin embargo para otros, el único contraste sea quizá que mientras allá hubo muertos aquí afortunadamente no los hubo las veces que se reprimió a los sindicalizados, a los defraudados, a los periodistas y a los campesinos. Lo que tampoco merece aplausos.


No en definitiva. Los muertos no convienen ni a la sociedad ni a la prensa ni al gobierno y tal vez a quién menos convenga sea al administrador del estado en turno. La matanza de Aguas Blancas fulminó a Rubén Figueroa Alcocer y los normalistas muertos esta semana en Ayotzinapa marcaron el mandato de Ángel Aguirre y de paso desgraciaron su carrera política.


¿Qué gobernante está exento de padecer algo similar a lo de Guerrero? Ninguno. Y no lo están porque siendo políticos de carrera, dejan en manos de sus secretarios de seguridad también de carrera, el uso de la fuerza policiaca como si su suministro en horario y cantidad se comparara con la receta de un médico. Pero igual que un médico si el experto en seguridad se pasa de dosis mata al paciente. Y ya se vio.

 

El gobernador guerrerense cesó a su secretario de seguridad y también al procurador queriéndose deslindar de la tragedia de los normalistas asesinados. Sin embargo, eso resulta imposible porque el administrador del estado es él no sus subordinados, y si bien legalmente la posibilidad de que la brinque sea alta, también es cierto que en lo político su sexenio quedará marcado por esta tragedia; tragedia, que de muchas formas afecta su carrera política y que ningún gobernante quisiera sufrirla.

 



 
 

 

 
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