Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

17/10/2011

 

Urge un nazareno que haga el milagro de la pesca


Desde inicios de la administración morenovallista muchos esperaron pesca abundante en las aguas turbias del marinismo. Yo, en lo personal, creí que en el primer tiro de red agarrarían no menos de tres peces, Mario Marín por delante. No fue así, el Ejecutivo y el Congreso nos dejaron con la mesa puesta y el antojo.


La suspicacia originada a partir de la falta de verdaderos y auténticos peces de calidad fue que Rafael Moreno Valle pactó con Mario Marín y Elba Esther Gordillo la entrega de la gubernatura aprovechándose de la nobleza de Javier López Zavala y del montaje de unos comicios tan impresionistas como los cuadros de Manet. Cierto o falso, al paso del tiempo se transformará de rumor a mito y luego en leyenda.


Hoy que se armó el San Benito en la parcela (OFS) de Víctor Manuel Hernández Quintana, resurge la esperanza de que Moreno Valle, Fernando Manzanilla y el Congreso avienten la red y ahora sí en la turbiedad de las aguas (como lo recomienda Greene) atrapen lo que se esperaba de ellos cumpliendo las altas expectativas del respetable que dudo mucho se conforme con un auditor general de poco antojo.


La buena fe de aquellos que todavía creen en Moreno Valle como un héroe justiciero podría hacerlos reflexionar y hasta soñar que lo de Hernández Quintana puede llevar a la captura de Marín, como quien jala el extremo de un hilo; pero, si una cosa no lleva a la otra persistirá la decepción de quien falta a su palabra porque aunque Hernández Quintana está gordo no tiene pinta de pez.


Sorprender con las manos en la masa a los incondicionales del auditor general cuando pretendían cambiar de sitio documentos oficiales del Órgano de Fiscalización Superior, puede ser un reconocido acierto en la medida que sirva para capturar los peces de los que hablamos en un inicio; si no fuese así y derivara solo en el escándalo que lleve a la cárcel a Hernández Quintana y a sus secuaces me parece que seguirán quedándonos a deber los pescadores morenovallistas por darnos chivos en lugar de peces.


¿Qué no sabrá el auditor general de Marín como para emocionarnos? Supongo que mucho. Bonito el espectáculo con Ardelio Vargas y su titipuchal de policías resguardando las bodegas donde todavía están los alterones oficiales del OFS; lindo el notición de aquellos que quisieron guardar de mejor manera los archivos cuya información valiosa de los ayuntamientos del ayer y del hoy es indiscutible; pero queda solo en eso, en espectáculo y notición, nada realmente trascendente mientras los peces de alta valía sigan nadando en aguas turbias.


Milagro, milagro. La tormenta de Hernández Quintana vino como enviada del cielo para hacernos olvidar (o distraernos) por un momento de la tragedia hebrea de Rodolfo Ruiz y su esposa Mónica Arroyo, como si una fuerza extraña, casi divina, reconsiderara que ese asunto en especial estaba causando daño y zozobra entre el respetable y el del auditor general podría provocar mucho bien.

 

Sea una cosa o la otra, los espacios de movilidad religiosa y espiritual de esta administración se van estrechando peligrosamente con riesgo de ir a dar al infierno de Dante si no encuentran, y pronto, un nazareno que ponga peces valiosos (no cabríos) en la mesa de los comensales.

 



 
 

 

 
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