Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

20/06/2012

 

Percepción y fe matan encuesta


La explosión de encuestas ha ocasionado que en Puebla muchos se sueñen ganadores porque, como ocurre en los bancos, existen estudios demoscópicos para cada necesidad, talla, sueño y tamaño de bolsillo. ¡Llévelas, llévelas de a dos por una! Hasta los candidatos de Nueva Alianza sienten la mitad de las asentaderas posadas en el Congreso de la Unión porque sus números así se los indican, figúrese usted.


Ya chole. A éste ritmo, en pocos años, la gente perderá toda confianza en las ciencias exactas y se dejará llevar más que por los porcentajes de intención de voto por lo que comúnmente llaman corazonada o latido, que es lo mismo que los sociólogos distinguen como presentimiento o intuición.


Cuando eso ocurra veremos otra vez la misma película aunque con diferentes faranduleros partidistas: todos se sentirán triunfadores y los políticos, igual que ocurre con las encuestas, defenderán su corazonada o creencia con el mismo entusiasmo que hoy defienden sus números, es decir, nadie irá abajo.


Ya estamos muy cerca. No hay día que las personas, partidistas o apartidistas, no invaliden las encuestas que la prensa divulga por no observar lo que quieren ver, a Andrés Manuel López Obrador, a Enrique Peña Nieto o a Josefina Vázquez Mota como verdadero y solitario campeón, según el caso.


Y, es lógico, como no reciben lo que su sensible corazón espera, entonces, sueltan de su ronco pecho la neta de su neta de cómo ven las cosas y agregan su pronóstico de quién va a ganar basados en rigurosas pruebas demoscópicas extraídas de boleros, tortilleras, taxistas y comadres; y a ese resultado, le llaman “percepción”.


Pero bueno, en México todo se vale, somos un país de fe y de emociones a flor de piel. Las Chivas, El América o Los Pumas podrán ir de coleros en la tabla general, pero sus seguidores siempre tendrán fe en que pueden ser campeones aunque no sean capaces de anotarle a la secundaria técnica 56. Lo mismo ocurre con los políticos.

 

Por eso mismo la “percepción” y la fe han comenzado a matar de poco a poco a la encuesta. Por percepción, los pejistas sienten que van a ganar, por percepción los peñistas creen en el triunfo, y por percepción los chepinistas sentirán que sólo un milagro puede hacerlos repetir en la presidencia. La percepción pues, es lo de hoy, hasta Miguel Ángel de la Rosa por la bendita percepción fue integrado al gabinete, ya deducen.

 

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