Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

21/01/2011

 

Una encuerada, pero sin tubo, un estilo diferente de gobierno: El arreglo directo


El morenovallismo demostró eficacia para solucionar la primera crisis política sufrida en la lateral izquierda de Compromiso por Puebla sin ser todavía gobierno constitucional, lo que debió haber dejado un buen sabor de boca en su alter ego y una carretada de aplausos, dianas y confeti en el respetable que añora de él un espectacular mandato lo mismo que extraordinarios resultados en lo económico, social, estructural y político.


Y lo logró con un sello que lo podría caracterizar los próximos seis años: El arreglo directo. Así, sin cortapisas ni perdedera de tiempo. Sin aburridos estira y afloja ni bostezantes sesiones de trabajo. Sin mentadas de madre ni jalones de greña.  Sin ser víctima ni victimario.


No tuvieron que pasar semanas, meses ni años para que El morenovallismo exhibiera lo que es y lo que será a futuro. Digamos pues que ya se encueró –pero sin tubo-, será un gobierno: Práctico. Los políticos filosóficos lo hubiesen etiquetado de: Pragmático. Sin embargo deja visto que en su ejercicio cotidiano del poder podría estar dispuesto a ceder algo con tal de ganar algo, elemento esencial de la negociación.


Resultaría interesante que su estilo práctico para solucionar conflictos fuese de aquí en adelante aquel al que los teóricos llaman: Recíproco o de Colaboración, no su antagónico: Asertivo y Duro, que fue el empleado por Mario Marín. Todo solucionándolo a chingadazo limpio, cotejando los cojones suyos con los del contrario para demostrar quién los tenía más grandes nomás por ocultar sus miserias.


El PRI ganó en la pelotera que se armó esta semana en el Congreso del Estado canalizando por la ruta correcta la ira de José Juan Espinosa y de Héctor Alonso Granados al hacerse de varias posiciones importantes en la estructura administrativa del Poder Legislativo. Pero también Rafael Moreno Valle y Fernando Manzanilla ganaron lo que querían: El liderazgo de la Cámara que no es poca cosa. Digamos pues que para ganar algo ambas partes tuvieron que ceder algo. Y a eso se le llama Arreglo directo, sin pleitos ni rencores. Todos en santa paz y felices.

 

Si lo exhibido por Moreno Valle y Manzanilla en la solución del zipizape Legislativo fue un estilo de gobierno no un bomberazo de esquizofrenia o de desesperación, podremos esperar un gobierno distinto al que sufrimos los últimos seis años,  porque al fin y al cabo la política en su esencia primordial es negociación, no imposición ni autoritarismo como Marín ya lo comprenderá en el ocaso de su mandato.

 



 
 

 

 
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