Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

21/10/2011

 

¡¡Fue horrible, fue horrible!!


Trágame tierra. Ni Guillermo Aréchiga ni Mario Riestra lo aceptarán; no públicamente. Pero de que regaron el tepache con las supuestas bodegas clandestinas del OFS, lo regaron. Papelito manda y, bien que mal, don necedad Víctor Manuel Hernández Quintana, ya presentó los contratos de arrendamiento y todo está en orden.


¿Qué hacer ante una situación como la suya? Francamente no lo sé. Admitir que se equivocaron sería tanto como darle la razón a Hernández Quintana y si eso ocurre no lo pueden echar con su mugrero como lo marca el instructivo. Digamos que los mandaron a la guerra, pero con un fusil oxidado que aunque tronó y aventó mierda no fue letal.


Independientemente del tiro fallido, por menos de eso, cualquiera en lugar de Hernández Quintana ya hubiera cogido su jabón y zapatillas (como dice Emmanuel) y se habría marchado. Es un asunto de dignidad sexenal; los suyos ya se fueron y tiene que irse; además, es poblano no del DF. Sin embargo, habrá que entender que si su patrón Mario Marín no le autoriza abandonar el fuerte no lo hará. Ya tiene encima al aparato como para también tener encima al precioso sería un suicidio.


Beberla antes que derramarla parece ser el único camino no solo de Aréchiga y Riestra, también del procurador Víctor Carranca y del secretario de seguridad Ardelio Vargas. Tirar al auditor general con un escándalo mediático, con operativo policiaco, armamento sofisticado y toda la cosa, pudiéndolo hacer en un concierto de frac y partitura fue mal punto. Desentonaron; los cuatro cometieron la misma tontera. Súmele también a Mario Rincón, por favor.


Pero ni hablar, donde manda capitán no gobierna marinero. Se cuenta que cuando Jenofonte fue a combatir a Persia supo que se había equivocado, sin embargo no tuvo más remedio que continuar la lucha; de por medio le iba la vida. Lo mismo ocurre con Aréchiga, Riestra, Carranca, Rincón y Ardelio, para atrás ni para agarrar vuelo a sabiendas que la cajetearon.

 

Tan fácil que hubiera sido deponer a Hernández Quintana a través de un procedimiento legislativo. Al menos así se ve desde gayola. Si Marín se hubiese disgustado por el relevo o  madruguete ya habría tenido tiempo de contentarse. ¿Importa su estado de ánimo? Me parece que no. Dijera el Lonje Moco: ¡¡fue horrible, fue horrible!!, el bullicioso escándalo del cajerio, donde siendo sensatos el Ejecutivo si invadió con su tropa el rancho del Legislativo.

 



 
 

 

 
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