Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

22/08/2012

 

¿Y si la alianza con el PAN, en lugar de sumar a las izquierdas, les resta?


La presunción de alianza del PAN con las izquierdas (en caso de que se diera, que no lo creo) se está viendo desde lo simple como una suma de capitales y votos, tal como ocurrió en 2010, sin contemplar que en 2013 podría ser todo lo contrario, es decir, que en lugar de sumar termine por restar sufragios a quienes lleven como candidatos.


Analicemos. Lo que muchos ven hasta hoy como un ejercicio matemático de uno más uno es igual a dos, pudiera ser en realidad una ecuación compleja y difícil de entender si no se reflexionan aspectos tan simples y elementales, como por ejemplo, si para entonces el votante se dio por satisfecho de haber vapuleado al PAN en las presidenciales.


¿Qué tan seguro están los promotores de la alianza de que no se la volverán a aplicar al panismo aunque vaya en bola? La pregunta es obvia y merece ser revisada, no a conciencia, sino utilizando todos los recursos sociológicos y metodológicos posibles. ¿Y si se la siguen cobrando? ¿Y si la insatisfacción del votante con el PAN no terminó en 2012 y tiene todavía finiquitos pendientes? ¿Y si la fiesta sigue el año entrante?


Dijeran los insaciables del festejo: “¿y si a esto le queda todavía cuerda?”. Porque seamos realistas, dar por satisfecho al electorado y creer que para entonces ya se olvidó de los agravios de Felipe Calderón y, por consiguiente, de los panistas, es pensar muy a la ligera. ¿O no? Marquemos distancias. De julio de 2012 a julio de 2013 apenas habrá transcurrido un año. ¿En un año la gente ya olvidó por culpa de quién está tan jodida como está, y por culpa de quién perdió lo que perdió en lo material y en lo humano, según el caso?


La historia reciente es reveladora. Ni la eficacia del morenovallismo fue suficiente para salvar de la quema al partido del gobernador en Puebla. La gente salió a votar el 1 de julio y a manifestar su descontento por el PAN, y ni su emblema poblano pudo frenarlos. ¿Qué garantía existe, entonces, de que ahora las cosas serán distintas nomás por tratarse de una elección local? Ninguna.


Si el antídoto para que al PAN no le sigan cobrando las que debe, está en aliarse a las izquierdas y camuflarse con ellas, entonces qué sencillo, el PRD, PT y Movimiento Ciudadano tendrían que verse en conjunto como una especie de mesías sanador de pecados (como aquél que nació en una rústica cueva de Belén hace dos milenios), pero si no, que se vayan preparando hacia 2013 para recibir sorpresas inesperadas de la vida.

 

Rechazar o confirmar que eso pueda ocurrir debe tener argumentos probatorios, ciertamente, no irse por la fácil y pensar que juntos la derecha y la izquierda dan por resultado la suma, negando la posibilidad de otras operaciones matemáticas, y por lo tanto de otros resultados. Somos un país al que le gusta lo fácil, lo mismo en el desempeño físico que en la búsqueda de respuestas. Si el PAN ya liquidó sus adeudos sociales con el descalabro presidencial, entonces que regresen a Los Pinos en la próxima. Así de fácil.

 

Columnas Anteriores


 
 

 

 
Todos los Columnistas