Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

24/08/2011

 

El baile de la piedra


Hace poco escuché de un amigo la expresión: Le baila la piedra, refiriéndose a la inteligencia de una persona para desempeñar actividades que ofrecen cierto grado de dificultad, pero que a cambio otorgan extraordinarios beneficios. Por tener su origen lingüístico en un estrato social de profesionistas y legisladores del Congreso de la Unión debería clasificarse como un argot o modismo utilizado ya de manera frecuente por la élite político-administrativa de nuestro país.


La expresión hace imaginar a Josefina Vázquez Mota confesando a sus huestes: A nuestro dirigente nacional Gustavo Madero nomás no le baila la piedra en el proceso interno de elección de candidato presidencial. O a Manlio Fabio Beltrones refiriéndose a Francisco Rojas: Si al coordinador de diputados le baila bonito la piedra de aquí a diciembre, aprobamos una Ley de Ingresos y un Presupuesto de Egresos acorde a nuestras necesidades electorales de 2012.


En consecuencia suponemos que en materia de seguridad, paz social y estado, al presidente Felipe Calderón nomás no le bailó la piedra cuando decidió declararle la guerra al crimen organizado y al Ejército Mexicano tampoco le bailó la piedra cuando aceptó involucrarse en un combate ajeno a sus quehaceres constitucionales que hoy por hoy lo tiene además de devaluado, desprestigiado y repudiado por una buena parte de la sociedad civil.


El gobierno poblano no es ajeno al baile de la piedra, Pablo Rodríguez Regordosa y Ardelio Vargas resultaron verdaderos troncos y, siendo acuciosos, si buscamos secretarios y directores de gabinete a quienes les baile tantito la piedra, encontraremos que salvo los casos del gobernador Rafael Moreno Valle y del secretario general de gobierno Fernando Manzanilla, el resto está negado, la piedra no les baila. ¿Fíjense y respóndase ustedes mismos?


Un monólogo del PRI podría resultar útil para descubrir si a los priistas les baila o no la piedra. Por ejemplo, si se pusieran de acuerdo en el cómo y de qué manera podrían ganar las elecciones de 2012 con Enrique Peña Nieto superando, para ese fin, sus orígenes psicológicos marinistas, dogeristas, blanquistas, melquiadistas o blartlistas demostrarían que su piedra les salió muy bailadora, Dios los habría bendecido y Mahoma consagrado.


Luego entonces, si les bailara, se unieran y ganaran todos en un solo frente, jure usted que las delegaciones federales recaerían en ellos para desgracia o beneplácito, no lo sé, del gobierno morenovallista, porque podrían hacer política –válgase la repetición de la dicotomía- a favor o en contra, incluso, del mandatario muy a pesar de su estado de ánimo que por volátil y bipolar aterroriza la comarca. El botín es muy grande, lo que requiere el priismo es que les baile la piedra un tanto alejada del hígado. Perder la gubernatura, pero ganar las delegaciones sería un consuelo de seis años. ¿O me equivoco?


Decía Mario Benedetti que un apagón es como un bostezo de Dios en referencia a que cuando se va la luz nos invade el miedo y nos quedamos estáticos, además de que es el momento en que valoramos el significado de la energía eléctrica. Bueno, al PAN le dejó de bailar la piedra desde que Moreno Valle ganó la gubernatura. Su modular dejó de tocar y es la hora que ni las velas encuentra para saber qué hacer y por dónde caminar; tropezar a oscuras y de frente con el gobierno lo tiene ya como al Caballo Blanco de José Alfredo Jiménez: Con el hocico sangrante.


Suponer que a Miguel Ángel de la Rosa Esparza y a su banda de Los chuchos, algo así como La mano con ojos pero en el PRD, les baila la piedra es una paradoja. Bromas, pero no pesadas, pues nunca en su vida útil como instituto político el perredismo poblano y su líder han actuado a cabalidad con su ideología de izquierda. Luego entonces, si les bailara su piedrita, el mismo De la Rosa entendería que pronunciarse –como lo hizo- a favor de Marcelo Ebrard fue como si le hubiese propinado un mazazo a su tocadiscos porque el candidato será Andrés Manuel López Obrador muy a pesar de lo que le dijo su líder espiritual Luis Miguel Barbosa, El ñoño.

 

Autoría intelectual


El lunes encontré al diputado Víctor Hugo Islas Hernández de mal humor, iba molesto, enojado, ¡y con justa razón qué chingaos!, pues alguien le resaltó en cursivas en una columna (pensando que había sido yo, por instrucciones de Doger, Zavala, Marín o Benedicto XVI) que se vende barato en el Congreso del Estado, que legisla con la tripa y que reverencia al Señor del Cerro igual que los chivos al precipicio. Yo se lo juro que yo no fui, son puros cuentos de por ahí. Yo en verdad creo, de veras, en serio, que Víctor Hugo es tan aguerrido como, como, como…

 

Cualquier aclaración, desayuno los lunes en el Camino Real, por la mañana. Posdata, no le escriban cosas así a Víctor, porque lo confunden y hacen enojar al pobre.

 



 
 

 

 
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