Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

24/11/2010

El arte de filtrar e infiltrar para generar percepciones


Filtrar tiene su chiste, pero infiltrar ideas y repercusiones tiene mérito; por eso, cuando el primer y segundo círculo morenovallista comenzó a filtrar datos y rumores allá, por la comarca de los presuntos periodistas adversos a su causa inicial se supo que la ira y el rencor hizo presa de Rafael Moreno Valle y Fernando Manzanilla, entre otros, por considerarlos enemigos acérrimos y objetivos por destruir.


Fue una mezcla pues de pasiones encendidas y deudas por pagar con el negocio de la política y el servicio público, algo que a decir de Vito Corleone –El padrino- no se debe de mezclar, en el entendido de que los negocios son una cosa y los asuntos sentimentales y afectivos son otra cosa.


En fin.


Sócrates creía que el mejor vínculo de comunicación con la gente era a través de los enemigos –si así consideran los morenovallistas a la mayoría de los redactores-, porque con ellos se puede activar de mejor forma la llamada “comunicación indirecta”, misma que tiene las cualidades de penetrar en forma más honda y creíble en las defensas de las personas cuanto más variada sea la emisión y más sorprendente el origen.


Retomemos el punto. La guadaña comunicativa fue tan letal que cercenó de un solo tajo la información privilegiada. Aunque no para todos, solo para aquellos etiquetados como enemigos, o sea para la mayoría, lo que hizo evidenciar las nupcias del grupo morenovallista prácticamente con una sola opción redentora, la cual en el evangelio según Jesús: Por sus obras -y contenidos- la conoceréis, podríamos identificarla.


Un verdadero estratega de la comunicación actuaría de otra manera, diríamos que lo haría al más puro estilo de Maquiavelo: Un príncipe debe disponer no solo de los amigos, también de los enemigos; pues al fin y al cabo, lo que importa no es lo que diga la gente, sino la capacidad de crear la “verdad efectiva” que se requiere para administrar el poder.  


Antes, podían leerse pensamientos, sentimientos, decisiones e incluso hasta los íntimos estados de ánimo de la élite morenovallista en variadas comarcas editoriales. Las relaciones públicas iban por buen camino, igual que el saneamiento de las heridas cobradas en batalla; la sal, pimienta y sazón de cada escribano -estuviéramos o no de acuerdo con él- era lo que le daba sabor al caldo. Aquello era una ricura, un auténtico festín de letras informadas y gama de estilos periodísticos.


Hoy, ya no es así; pareciera que la selección de amigos y enemigos fue concluida y que quienes no gozan de información privilegiada pueden ir apertrechándose de armamento basto y suficiente al más puro estilo del tamaulipeco Alejo Garza Tamez porque contra ellos será la guerra y el exterminio si no entregan la plaza y la abandonaran por propio pie. Si así fuese, me parece que la equivocación está anunciada.


A propósito del caso, Maquiavelo fue más allá, dijo que en asuntos políticos y de ejercicio de poder el fracaso en la comunicación no era culpa del lerdo público, sino de la pobre estrategia comunicadora. Por eso creo que si los morenovallistas son más inteligentes, tendrían que divorciar la pasión y el rencor del ejercicio de la función pública para operar el flujo de la comunicación con tirios y troyanos, es decir, recurriendo a los amigos sí, pero también a los enemigos –como ellos los consideran y- como lo recomiendan los grandes pensadores de la historia.


La información del gobierno electo está restringida y los filtradores amenazados para no filtrar, siendo uso exclusivo de Moreno Valle y Manzanilla lo que de ellos se diga en la prensa escrita y electrónica, lo que podría traducirse como estrategia; la duda es, ¿si es o no lo correcto para propiciar la llamada comunicación efectiva y comunicación indirecta que sirve inercialmente para generar percepciones, como lo fue el adelanto del futuro gabinete? El tiempo lo dirá. Sin embargo, la información es similar al agua, no se puede contener cuando se trata de grandes volúmenes, como las que genera un gobierno.

 



 
 

 

 
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