Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

26/03/2012

 

Les tienen mala fe, no son cachetones ni sinvergüenzas


La bolsa de valores de los 12 parlamentarios locales que necean ser diputados y candidatos por la codicia de seguir recibiendo 100 mil pesos mensuales se fue a pique; interesante será observar si su reputación y lo que piensen de ellos verdaderamente les importa o les vale un bledo.


En efecto ninguna ley les obliga a pedir licencia para irse a la campaña. Y nomás faltaba que al increparlos con la pregunta respondieran airosos: ¡y si la hubiera la modificábamos! Faltaba más. Sin embargo, parece no ser ese el asunto, más bien se cree que pudiera serlo de sentido común y decencia. Vamos, de demostrar al respetable que la reputación del político no es el Igor, jorobado y monstruoso, de los cuentos.


El sentido común indica que duplicando las funciones de candidato y diputado no pueden ser eficientes ni en una cosa ni en la otra. Y lo dice aquel viejo, viejísimo aforismo: el que mucho abarca poco aprieta. Pero,seamos sensatos, no se trata de contárselos con peras y manzanas para que lo entiendan sino de que vean con su inteligencia que un día se comerán los gusanos que será en dado caso un asunto de honestidad y decencia.


Si de tiempo completo se dijeron tantas cosas desagradables de nuestros honrosos diputados locales, qué se podrá decir siendo lo que serán: legisladores de medio tiempo. Levantar el dedo y estar de acuerdo en todo lo que les mande el Ejecutivo sería una tarea fácil, sin embargo,la suya trasciende y es más digna, deben elaborar iniciativas, investigar marcos legales, debatir con el músculo del corazón y la cabeza y proponer soluciones a los grandes problemas del estado.


Seamos francos, medio tiempo no les alcanza para responder al compromiso que signaron con sus representados distritales locales. El líder estatal del PAN Juan Carlos Mondragón, solidario como es, quiso defender a sus diputados azulesque van por una curul federal, pero la suya es una defensa imposible de ganar en los terrenos de lo honesto, aseado y correcto, y de lo que se debe hacer como caballeros que son.


Una persona decente pediría licencia y se iría con su pecho limpio a la campaña poniendo un extraordinario ejemplo de rectitud, como se supone lo harán Julio Lorenzini, Inés Saturnino, José Luis Márquez, Víctor Hugo Islas, etc., para poner a buen resguardo su reputación. Una valemadrista e indecente haría lo contrario.

 

La suya es una broma, no pueden ser las dos cosas al mismo tiempo, diputados y candidatos, lo que pasa es que no falta quien les tenga mala fe y piense que todos los políticos son unos cachetones y sinvergüenzas. No creo que lo sean. Me resisto a creerlo con lo decentes que se ven, Víctor Hugo por ejemplo...

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas