Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

26/09/2012

 

¡Qué falta de ingenio y qué burdos! ¡No tienen perdón!


El ingenio del mexicano carece de límite. En su individualidad es fuente inagotable de inspiración bizarra. Llora sus desgracias pero también se ríe de ellas, le teme a la muerte y aun así cada año le rinde culto, se duele de sus heridas pero al mismo tiempo guarda fuerzas para crear comedia sátira y chistes de todos colores.


Hace poco me llegó una fotografía a mi cuenta de Hotmail. Se trataba de Elba Esther Gordillo haciendo gesto de fuchi, mostrando sus (abundantes) patas de gallo y despeinada. El texto adjunto a la foto decía: La educación en México está igual de fea. Eso es ironía, sarcasmo, crítica pura y letal. Va directa a la inteligencia de la gente y acusa a la responsable de que la enseñanza en nuestro país esté como está: deficiente.


A la ley, el mexicano no le da una sino varias vueltas. Le busca atajos, vacíos, lagunas y saca provecho de su interpretación. Abogados chicaneros, sinvergüenzas y mañosos los hay a pastos. El mexicano elabora marcos jurídicos federales y locales, los presume y alardea de ellos, y sin pérdida de tiempo echa a volar ese ingenio e inspiración que posee para idear cómo demonios violarlos sin recibir castigo.


¿Por qué traigo todo esto a tema? Bueno, porque un día amaneció un alto funcionario del gobierno estatal montado en varias estructuras publicitarias de la ciudad (Fernando Manzanilla) confesándole a la gente la Puebla que imagina, como si a la gente en su preocupación de saldar deudas, lograr un empleo y no ser víctima del tsunami delincuencial que la aqueja, se interesara por sus imaginaciones, apetencias y fantasías personales.


Sin entrar en honduras ni articulados (para no aburrir), las leyes electorales sancionan lo que se tipifica como campaña o promoción anticipada. En lo prosaico, las imágenes de revistas y periódicos que hoy vemos en los espectaculares y puentes citadinos con políticos y funcionarios por entrevistados no es otra cosa que vulgares madruguetes, o trampas, precisamente de políticos que queriendo sacar ventaja a otros como ellos burlan la ley electoral.


El truco de las portadas de la prensa para adelantarse a las campañas políticas ya es un truco cascado, mustio, ordinario. ¿Por qué no echar mano de esa imaginación e ingenio del mexicano del que aquí hemos referido para crear madruguetes diferentes, novedosos? Lo mismo, ¡ya chole! Si la ley electoral la burlara una persona común y corriente que carece de un staff que direccione una erupción explosiva de esfuerzos en pos de un proyecto político se valdría, pero tratándose de Manzanilla, de Tony Galy y de Jorge Aguilar, donde de lo que no adolecen es de estructura, gente brillante y recursos financieros, francamente no existe perdón. ¡Qué falta de ingenio y qué burdo! ¡Qué ordinarios! ¿O no?


¿Cómo se puede alardear de la capacidad e imaginación de un político que quiere gobernar Puebla capital cuando ni siquiera fue capaz de sorprendernos con un novedoso y bonito anuncio publicitario, con una manera de burlar la ley de manera diferente pues? La diferencia es lo que distingue, lo igual aburre, fastidia, cansa, bosteza, duerme.

 

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Adiós a un amigo, a un colega

 

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Si Calderón de la Barca viviera le diría al periodista Julio Martínez que La vida es un sueño y que en su partida acaba de despertar. De Julio recordaré lo mejor de él: su amistad fraterna y su gesto alegre. Allá también hacen falta buenos reportajes.

 

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