Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

27/04/2011

 

Peña Nieto arrebata a Marín el control del PRI poblano


En el PRI de Puebla sus altos mandos están enterados que a las elecciones de 2012 irán aquellos cuya imagen esté lo menos deteriorada posible. Y esos menos peores, a diferencia del antes, no serán “dedeados” por el priismo local, vaya, ni siquiera por el CEN sino por lo que en su lenguaje numérico sugieran y aconsejen las encuestas al futuro candidato presidencial.


¡Que las encuestas hablen! ¡Que las encuestas digan quiénes sí y quiénes no!, fue la prescripción médica que al parecer extendió Enrique Peña Nieto para Puebla desde principios de marzo. Y si la ruda receta, supongamos que, se sostiene con su par de argumentos masculinos, júrelo que habrá más de uno que aún siendo muy conocido, digamos como Mario Marín, vea frustradas sus aspiraciones por arrojar negativos demasiado altos. U otros, que queriendo competir por un distrito terminen jalando la carreta por otro.


Supongamos pues, echemos a volar la imaginación, si la receta médica se confirma al paso de los días, el runruneo endilgado al gobernador del Estado de México mutará de rumor a orden y entonces sí, varios de los contendientes por senadurías, nomás por decir, como Alejandro Armenta, el mismo Marín o Javier López Zavala muy probablemente enarbolen el título de candidatos a diputados aún sin ser de su completo agrado.


Y por ahí cuente a los escandalosos de siempre: Víctor Hugo Islas, Oscar Aguilar, Jaime Alcántara, etcétera, etcétera, etcétera, que tendrán que conformarse con tocar la matraca o soplar el silbato si es que aceptan hacer campaña en Puebla a favor del mexiquense.


Rehén pernicioso de su cinismo, Juan Carlos Lastiri intentará lucirse con sombrero ajeno. Con el sombrero de Peña Nieto pues, por aquello de la unidad partidista, imparcialidad, bla, bla, bla y transparencia de marras en la selección interna de candidatos. Pero no, ya se sabe que debe obediencia ciega y lealtad perruna a Marín. Por eso precisamente, fue la decisión de dejar a merced de las encuestas las candidaturas y no del PRI de Puebla.


Peña Nieto sabe del servilismo de Lastiri, no es tonto. Sabe de qué pie cojea. Sabe a quién besa la mano. Está informado a quién rinde culto. Instruir que las encuestas decidan las candidaturas en un estado como Puebla donde el PRI es oposición –irresponsable-, es una manera elegante de arrebatarle autoridad a Lastiri y el control al marinismo. Y lo mejor, con argumentos numéricos. Papelito habla y gráficas refuerzan.


Son pocos los priistas que lo saben, pero desde marzo Mitofski inició secuencia de mediciones en los 16 distritos federales de la entidad para pulsar nombres de virtuales candidatos, nombres donde lo mismo aparecen bartlistas, melquiadistas, marinistas, dogeristas, blanquistas que candidatos ciudadanos. Sí, va en serio, Peña Nieto quiere a los mejores, no a los más populacheros y presuntuosos. No le importa a qué grupo político pertenezcan, el ser humano por naturaleza se equivoca.


La decisión del Innombrable poblano de promocionarse descaradamente para la senaduría no es una idea malentendida por él, a propósito de las encuestas de Peña Nieto, es tan solo una zanahoria pues, es obvio que aspira a lograr fuero no necesariamente en la Cámara Alta, habiendo otros sitios de impunidad si peña Nieto llegara a obtener el triunfo. Marín es malicioso y perverso, no estúpido.

 



 
 

 

 
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