Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

27/05/2011

 

La estrategia de la tontera


Tres personajes de la historia que se hicieron pasar por tontos con extraordinarios resultados fueron: Mao Tse Tung, Klemens von Metternich y Hernán Cortés; el primero, lo hizo para engañar a los japoneses que habían invadido China; el segundo, para no aparentar peligro ante Napoleón que había invadido Austria; y el tercero, por hundir sus naves echándose la culpa por no haber detectado el fulminante ataque de gusanos que roían la madera.


No sé ustedes, pero para mí, que, Eduardo Rivera Pérez tiene ganas de ser si no el cuarto, sí uno más de los que  aparentan ser tontos para sacar provecho de su envoltura inocente. Veamos. Terminó una calle en cien días de gobierno. Nos quiso vender la idea de que Blanca Alcalá había desviado 2 mil millones de pesos, solo para averiar sus aspiraciones al Senado de la República. Hizo como que era impúdico y aumentó su sueldo a sueldazo. Confundió más de 400 millones de pesos con 4 millones.


Dijo que era muy honrado y obligó a Alcalá a que pagara los sueldos de su equipo de transición y, además, que le comprara una camioneta Jeep nuevecita de paquete a su esposa Liliana Ortiz de Rivera.


Para Metternich hacerse el tonto no era una enfermedad sino un recurso y recurría a él de manera constante y sistemática. Valdría la pena considerar, aún siendo aventurado, que Rivera Pérez utiliza igualmente ese recurso para que nosotros le erijamos una efigie a la estulticia en lugar de un monumento al hurto y a la gandayéz.


Otro que con frecuencia recurría a las tonteras fue Roosevelt, sobre todo cuando los republicanos lo atacaban para que no repitiera otro periodo más de gobierno allá por 1944 y él les daba la razón. Roosevelt era más inteligente que sus opositores. Eso, es precisamente lo que le falta a Rivera Pérez, darle la razón a quienes lo tildan de inepto y mitómano.


No vayamos muy lejos, Vicente Fox ha sido hasta el momento el presidente de la república con más tonterías cometidas en un sexenio, tantito pior, las inició desde antes de que lo fuera con aquello de resolver el conflicto armado de Chiapas en 15 minutos y, después, fueron tantas que la verdad perdimos la cuenta. Concluido su mandato se construyó su Centro Fox. ¿Sigue creyendo que es tonto?


Póngase a pensar, después de todas las tonterías cometidas por el alcalde de Puebla en un tiempo record de cien días, no resta más que darle el beneficio de la duda con aquello de que lo suyo es estrategia, porque la verdad, no creo que todas y cada una de sus tonteras las haya cometido en serio, ¿o usted sí?

 



 
 

 

 
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