Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

27/06/2012

 

Ya sé por quiénes no voy a votar


Si los poderes legislativos estatales y el poder legislativo federal estuvieran integrados por verdaderos parlamentaristas, gente capaz, honesta o cuando menos comprometida con sus representados nuestro país fuera otra cosa, no el bodrio de corrupción y de complicidades políticas en lo que está convertido.


Por eso mismo creo que al votar debemos hacerlo por los mejores candidatos que aparezcan en las boletas electorales, dependiendo del tipo de elección y del distrito. Vamos al grano. De don Manuel Bartlett podrán criticársele sus errores del pasado, pero de que es un tipo brillante lo es, incluso ya demostró ser un buen parlamentarista en su anterior desempeño como senador.


Y en verdad que cómo hace falta esa brillantez en la cámara alta para compensar la actitud sumisa de los ineptos, agachones y levanta dedos que para nuestra desgracia fueron a parar ahí, brillantez que indiscutiblemente también posee Blanca Alcalá a pesar de lo que de ella se diga en sentido negativo.


Me gustaría ver de diputados a Enrique Doger y a Pablo Fernández del Campo; al primero, por su inteligencia y talento, y porque además de político es un valioso académico cuyos conocimientos en el campo de la ciencia y la investigación pueden ser de utilidad al país; y al segundo, por ser un profesionista luchón y cojonudo, y no arredrarse de enfrentar al aparato gubernamental, sin olvidar que es gente de principios, de una pieza pues.


Tal vez sea una quimera, pero sin distingo de institutos deberíamos fijarnos más en el candidato que en los emblemas de partido. ¿Por qué? Porque se dan los casos de gente valiosa que compite por siglas que no los merecen o simplemente porque políticos acomodaticios los aplastan con la fuerza de los aparatos burocráticos, las influencias, compra de votos, actitudes clientelares y los programas sociales.


Las cámaras alta y baja del Congreso de la Unión están atestadas de gente que no sabe ni jota de desempeño parlamentario, y en cada legislatura es lo mismo, llegan ahí a levantar sus asquerosos dedos y a defender a capa y espada a sus gobernantes estatales en vez de defender a quienes votaron por ellos, son tropa que nada aporta a la nación, barbajanes sin escrúpulos ni moral. Inclúyase, por ahí, a los congresos estatales.


Si por capacidad, honestidad y representatividad fueran elegidos nuestros legisladores, cuántos de los que van arriba en las encuestas tendrían que ir abajo y cuántos de los que van abajo tendrían que ir arriba: muchos. Pero por algo debemos de empezar, y que mejor que votar por aquellos que creemos pueden dignificar la actividad parlamentaria y demostrar además de moral ser dignos representantes sociales.


Todavía no sé por quién voy a votar, lo que sí sé es por quiénes no lo voy a hacer. Por Javier Lozano Alarcón no votaría por la violencia verbal y política que representa; Felipe Calderón debe aprender a defenderse solo y responder por sus atrocidades. Y por el candidato a diputado del PAN Inés Saturnino López Ponce tampoco votaré porque se necesitaría vivir en Tecamachalco para dimensionar en carne propia sus niveles de maldad.

 

Josefina Vázquez Mota es una extraordinaria mujer, pero el partido que la postuló no merece otra oportunidad en la presidencia. Con Gabriel Quadri ni a la esquina, no por él, por la mano que mece su cuna. Ya decidiré frente a la urna si lo hago por Andrés Manuel López Obrador o por Enrique Peña Nieto, esperanzas en ciernes del México distinto que merecemos.

 

Columnas Anteriores


 
 

 

 
Todos los Columnistas