Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

29/08/2012

 

No son tan malos como parecen


Las veces que se habla del Yunque normalmente se hace de forma peyorativa o maligna y sus integrantes (Eduardo Rivera por ejemplo) son vistos desde afuera como los malos de la política sin dar cabida a la comprensión de que organizaciones y grupos como el suyo pululan como las moscas en la élite del poder político, económico y laboral de nuestro país.


Ellos mismos cuando se sienten señalados de yunquistas lo niegan y, hasta, agachan la cabeza llenos de vergüenza. ¿De qué se avergüenzan? ¿Por qué lo niegan? ¿Le temen al qué dirán? De cualquier forma a los que son yunquistas los seguirán tildando de yunquistas y aunque lo rechacen, muchos, seguiremos creyendo que como el diablo de que existen existen. ¿Y sólo Dios sabe quién es peor?


Ahora que se habla de la renovación del comité estatal del PAN se señalan dos corrientes buscando el liderazgo del panismo en dado caso de que Juan Carlos Mondragón tuviera que irse: El yunque y las gentes del gobernador Rafael Moreno Valle. A ver, sin dejarse influenciar por lo que diga u opine la prensa, se ha puesto a pensar, ¿quién es más perverso de los dos o en qué nos beneficia que la dirigencia blanquiazul quede en manos de uno u otro?


Si la política la ejercieran gente honorable y honrada nada tendrían que hacer en ella la sarta de gañanes y abusivos que la colman, y si las dirigencias estatales de los partidos en los hechos beneficiaran a la sociedad tendrían que ser los primeros en exigir que corran a aquellos alcaldes, gobernantes y diputados que roban, medran con la necesidad de la gente y mal encausan sus influencias. Pero esa, esa es harina de otro costal y de otra entrega.


Lo que hoy quiero reconocer es que El yunque es una organización acostumbrada a morirse en la raya. Podrá gustarnos o no su manera de conducirse y su secretismo, el halo de misterio y fanatismo religioso que practican, pero son gentes que luchan por lo que creen, por sus ideales y que, por encima de cualquier cosa institucional, privilegian la unidad de su cofradía. Se protegen unos a otros. Se tapan. Se ayudan. Gañanes también los tienen por muy persignados que sean.


No soy defensor del Yunque –mis golpes de pecho son para bajarme el tequila–, sin embargo, confieso que me gustaría ver reflejada su resistencia ideológica, su asociación y la firmeza de sus ideales en los otros partidos políticos. Si eso fuera posible, la izquierda en nuestro país sería una izquierda menos comercial y más auténtica, el repugnante pragmatismo de Los chuchos, de Nueva Izquierda, de Dante Delgado y de Alberto Anaya no existiría, y las disputas electorales no se resolverían en lo oscuro ni por medio de acuerdos cupulares sino en las urnas con el voto de las mayorías. Las traiciones del PRI, digamos, serían meras vaciladas que nadie creería.

 

Ejemplos a seguir no lo son, pero cuando menos son más derechos, fraternos, leales, confiables y unidos que los miembros de los demás partidos políticos. Además, debe reconocérseles que, son los únicos cojonudos (o idiotas) que han enfrentado al gobernador cuando otros se han acobardado. Lo criticable del Yunque es su encapuchada búsqueda del poder y su cobarde necedad a dar la cara.

 

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