Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

30/05/2012

 

¿Cuál debate? En todo caso será un bostezo, una decepción o un desmadre


No quiero ser aguafiestas, pero si los debates de los presidenciales y potenciales jefes de gobierno del Distrito Federal fueron un verdadero fiasco, ¿qué podemos esperar del “debate” entre Javier Lozano Alarcón, Blanca Alcalá, Manuel Bartlett y Víctor Hugo Islas? El día después de mañana —como aquella película de Roland Emmerich— júrelo que las crónicas serán de decepción y arrepentimiento. ¿Quiere apostar?


Por principio de cuentas un debate de cuatro es un debate de muchos. Dos sería lo adecuado, al estilo de las democracias europeas o gringas. Los dos punteros, los que van arriba en las preferencias. ¿Quiénes? Blanca y Bartlett, en el entendido de que Alarcón cayó al tercer puesto y Víctor Hugo no pasa del cuarto.


Ahora bien, un debate es organizado por una instancia imparcial, una, sin preferencias ni amoríos partidistas. Pregunto: ¿El Consejo Coordinador Empresarial reúne ese requisito? Yo digo que no porque, al menos en Puebla, el CCE tiene vínculos excelsos con el ala radical y conservadora del PAN, para pruebas está la reunión que sostuvo la semana pasada Margarita Zavala con el panismo poblano a la que asistió Francisco Rodríguez.


El despropósito (o mala fe, piénselo como quiera) de mezclar a los coleros con los punteros a los únicos que beneficia son a Javier Lozano y a Víctor Hugo porque les da merecimientos –cacho de injusticia- que no se merecen. Como se ve, por tanto, no es un debate de iguales; Blanca y Bartlett, son perjudicados por darles el mismo trato que los del fondo de la tabla. En las democracias avanzadas la ineptitud de los coleros se sanciona con la negativa a los debates. Eso es justicia democrática y así, me parece, tendría que ser en México.


Para que el debate fuera un justo y auténtico debate tendrían los punteros que ser quienes discutan y propongan –en un foro de esa naturaleza- soluciones a los grandes problemas sociales, aunque cueste admitirlo, y los coleros eliminados de tajo; también, tendría que ser organizado por una instancia neutral y probadamente apartidista; y por último, el IFE tendría que asumir los costos tanto económicos como institucionales del evento.


Los debates presidencial y de jefe de gobierno del Distrito Federal fueron una decepción, y un simulacro de democracia, atribuible, plenamente, al excesivo número de participantes. En el primero sólo debió participar Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota (segundo lugar en las encuestas en ese momento). Y en el segundo sólo debieron hacerlo Miguel Ángel Mancera y Beatriz Paredes.

 

Si la ecuación del debate fuera Blanca vs Bartlett el producto sería más atractivo y generaría mayor interés, pero al involucrar a quienes nada tienen que hacer (Lozano y Víctor Hugo) el resultado será un bostezo, una decepción o un desmadre. No se trata de marginar por marginar ni de despreciar capacidades y talentos, simplemente de darle a cada uno el valor que merece, los punteros son punteros y los coleros, coleros son.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas