Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

30/09/2011

 

¿Si Puebla es un estado seguro, por qué tanto escolta y guarura?


Antes de irse, Rodolfo Igor Archundia, procurador marinista, admitió que en Puebla había crimen organizado, ocultarlo era insostenible, Mario Marín y él ya se iban, ¡para qué seguir engañando al poblano! Su relevo, Víctor Carrancá Bourget no le tuvo miedo al qué dirán, fue sincero y ético: Operan diversos cárteles de narcotraficantes, entre ellos, Los Zetas.


Sinceridad y responsabilidad que se agradece, pero que no podría decirse lo mismo del secretario de Seguridad Pública, Ardelio Vargas, después de tener en su escritorio 150 denuncias de alcaldes poblanos víctimas de extorsión y, aún así, atreverse a negar que la situación en el estado no esté de la retiznada.


Y si así le está yendo a nuestras autoridades municipales, nomás imagine como le va a la mayoría de la gente que como usted y yo andamos por la vida a la buena de Dios y con el Jesús en la boca. Un secretario como Ardelio trae la cantidad de escoltas que se imagine, lo mismo que un alcalde amenazado de extorsión y un gobernador como Rafael Moreno Valle; pero un mortal como usted, amigo lector, y yo, todos los días nos la rifamos.


Limitarse a pensar que el crimen organizado es el único depredador de la sociedad civil es tener la mentalidad muy corta, porque entonces, dónde dejamos a los asaltantes de banqueta, a los de casa habitación, a los de automóviles, a los carteristas, a los tratantes de blancas, a los narcomenudistas y a los que comercian en el mercado negro con lo ilícito.


Tal vez Ardelio, en su necedad, se emberrinche cuando el procurador Carranca acepta que en Puebla hay diversos grupos criminales y cárteles de la droga (entiéndase que al decir “diversos” habla en plural), pero es preferible que la sociedad y la familia lo sepa, y tome precauciones con sus integrantes, a que la agarren por sorpresa.


Si la situación no es grave, siendo que al inicio de la administración eran cuatro los presidentes municipales extorsionados (Pahuatlán, Acajete y Amozoc) y ahora son 150, por qué el gobernador, los secretarios de gabinete, alcaldes y legisladores locales son resguardados por tanto guarura. ¿No es acaso una contradicción excederse en escoltas siendo que Puebla es un estado seguro?

 

Saque sus cuentas. ¿Si hace siete meses eran tres los presidentes municipales extorsionados por organizaciones criminales, en qué porcentaje se incrementó si hoy son 150 las víctimas? Sosténgase bien porque se va a asustar. Ayer, leí que cuatro infantas poblanas eran prostituidas en Oaxaca, el fin de semana intentaron robar al director estatal de Protección Civil, antier se supo de una banda que asesinaba taxistas y así podríamos seguir con una lista interminable de ejecuciones en Puebla capital e interior del estado.

 



 
 

 

 
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